Lana(10)

La voz sonó tan cercana que por un momento creyó escucharla en la misma estancia donde ella estaba. Dio un respingo y buscó de donde procedía la pregunta. Sentía que su cara se había puesto roja, el rubor se siente cuando sube, porque quema tu piel. Cuando fue a ponerse de pie…

-Tranquila, he sido yo.-dijo la misma voz.-aquí en la ventana.-esta vez, elevó el tono.

Lana miró entonces hacía el ventanal de su salón. Entonces se percató de la presencia de su vecino, en el edificio de enfrente. Un hombre de unos 30 años, moreno, pelo corto. Su piel era blanca, de un color pálido. Era alto y delgado. Y tenía una mirada…una mirada profunda y oscura.

Lana observó y analizó la situación. Utilizó la misma mirada crítica que utilizaba en su trabajo. Aquel vecino estaba haciendo lo mismo que ella hacía cada noche con la madre de aquellos cuatro chiquillos o con la pareja que esperaban a su bebé en breve. Solo que él había dado ese paso que ella nunca se atrevió a dar. En su cara no veía ninguna maldad. Al menos para tener la edad que parecía tener.

-Eran mis padres, hacía casi un mes que no los veía.-dijo Lana acercándose tímidamente a la ventana.

Se sintió super extraña. Nerviosa incluso. Hablar con alguien del “mundo exterior”, tener la posibilidad de entablar una conversación con alguien nuevo. Todo aquello era extraño y nuevo.

-Yo tengo a los míos muy lejos.- dijo el vecino bajando la cabeza.

Lana pudo observar entonces que los dos se sentían igual de solos. Pero recordó haber visto esa misma mañana a gente andando por su piso, vio varias personas.

-Perdona la intromisión, esta mañana había varias personas en tu casa. No sé si lo…

-Si, han venido a hacerme el test.-dijo antes de que Lana pudiese terminar de explicar lo que vio.-llevo un par de días algo congestionado, mi jefe me dijo que me quedase en casa y que iban a venir a hacerme la prueba. Estoy limpio por ahora. Pero es cuestión de tiempo.-dijo entonces con un tono de rabia, negando con la cabeza.

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-No digas eso, hombre. Hay que ser optimista. No creo que todos vayamos a pillarlo.- dijo Lana, quitando hierro al asunto.

-Bueno, todos, no sé, los sanitarios…seguramente todos.

-Ahhh,¿eres sanitario?.-preguntó sorprendida ella

-Si, trabajo en una clínica privada. En la del Dr. Costa. Está a pocos minutos de aquí.-dijo empezando a gesticular, indicando con las manos la dirección a seguir.-¿Más o menos te ubicas?

Lana hacía unos segundos que había empezado a ver solo sus gestos. Le llamaban mucho la atención sus manos…

-Ey!

-Perdón, si, si sé donde está..-dijo Lana, volviendo a la realidad.- Creo que es una de las clínicas privadas asociadas al seguro de mi empresa. Me suena mucho el nombre.

-Seguramente, trabajamos con muchas aseguradoras. Pasa muchísima gente por allí. Por eso te digo que, seguramente, todos caeremos.

-Perdona si no te puedo contestar a muchas cosas, pero veo la tele y las noticias solo lo imprescindible. Es lo mejor para mi salud mental. Intento entretenerme en otras cosas, incluso he dejado de entrar tanto como antes en las redes sociales.

-Es lo mejor que has hecho, está el mundo muy loco por la red.-dijo él entre risas.-según dicen, ha subido la adicción a las apuestas online desde que ha empezado todo esto. Imagina como va todo.

Lana se dio cuenta entonces de todo lo que se estaba perdiendo. Pero no se arrepintió para nada, sus hermanos le iban contando algunas cosas, y ella alucinaba igualmente que con ese dato que le había dado el vecino, pero seguía sin conectarse por completo al mundo online, le daba bastante miedo en aquellos momentos.

Miró el reloj y se dio cuenta de que era casi la hora de almorzar. No quería despedirse del vecino, pero sabía que, por suerte o por desgracia, lo volvería a encontrar en cualquier momento.

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-Oye, ¿hacemos una cosa?.-se atrevió a decir, después de pensarlo un rato.-porque me voy a almorzar ya y esta conversación me está gustando mucho…¿podemos vernos más tarde o vas a salir?-dijo Lana, riéndose al terminar la frase

-Bueno, había pensado salir esta noche, ya sabes, picotear algo y después a la discoteca.- sonrió el vecino.-perfecto, nos vemos por aquí….¿tu nombre?…

-Uy, verdad, no nos hemos presentado siquiera.-se ruborizo de nuevo Lana.- mi nombre es Lana, y ¿el tuyo?

-Que bonito nombre, Lana.-la miró intensamente.- mi nombre es Abraham.

-Perfecto, Abraham, por aquí nos vemos

Después de almorzar, Lana pensó en echarse un ratito en la cama. La excitación de la mañana la había trastocado y estaba algo cansada. Se preparó una infusión y se dirigió a su habitación. Cuando se dispuso a correr las cortinas, para gozar de un ambiente más oscuro para descansar, se fijó en el balcón de Abraham. Verdaderamente, el edificio de enfrente, era un edificio de lujo. Ahora que lo pensaba, este chico debía tener unos padres muy generosos y bastante adinerados que le ayudarían con su alquiler, porque seguro que aquel apartamento, en ese sitio y en las condiciones que lo tenía (lo poco que había podido observar Lana), costaría un dineral.

La música relajante, la infusión y el cansancio de la mañana hicieron que Lana durmiese una siesta como las de antaño, sin miedos ni preocupaciones. Cuando la alarma de su móvil la despertó pensó, ese día más que nunca, que había sido muy buena idea poner la alarma…porque habría dormido tres días igual de bien que esa horita, que se le hizo bien corta.

Tuvo que ducharse para espabilarse un poco, porque no terminaba de aclarar sus ideas. El cansancio mental hacía mella en Lana y, de vez en cuando, se le notaba claramente. Tras la ducha, pasó por el salón y, disimuladamente, miró hacia la ventana…tampoco quería que nadie notase que estaba deseando hablar de nuevo con su recién conocido vecino. Pero las cortinas del apartamento de Abraham permanecían cerradas a cal y canto.

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Y así permanecieron el resto del día.

A las siete y media sonó el teléfono, como de costumbre, con una “Videollamada del grupo Familia” en la pantalla.

Lana no sabía si contar o no aquella novedad en su vida. Tampoco sabía si considerarla novedad, o siquiera considerarla. Solo había sido un rato de charla, por el momento solo se quedaría en eso.

Por tanto, decidió no decir nada en el grupo. Manu estaba charlatán e hizo reír a todos con sus ocurrencias, así que la videollamada fue bastante corta, en comparación con otros días, ya que Nana no quería que Manu molestase a sus tíos.

Todos estuvieron compartiendo impresiones de sus padres, ya que Sebas había tenido el detalle de llamarlos a todos en el ratito que estuvo en la casa familiar, y todos pudieron verlos. Coincidieron en que se les veía afectados, que este encierro no les estaba viniendo bien…pero también coincidieron en que seguro que a nadie le estaba viniendo bien.

Lana, normalmente, atendía las videollamadas desde el móvil, y tenía la costumbre de ir andando mientras hablaba…en uno de esos paseos, y de soslayo, miró a la ventana de Abraham y se sorprendió al verlo allí, como esperando.

Sus hermanos terminaron pronto, Manu no dejaba hablar a nadie, tras despedirse de ellos, Lana se asomó a su ventana y preguntó:

-Buenas noches, ¿llevas mucho esperando?.- bromeó.

-Buenas noches, creo que llevo esperando más de lo que pensamos los dos.

La frase impactó, ambos lo sabían, pero, para quitarle hierro…Abraham empezó a reír. Él no sabía el efecto que habría producido en Lana, a lo mejor le sentó mal…o muy bien….

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-¿Que tal tú tarde,Lana?.-retomó la conversación él.

-Bastante aburrida, decidí echarme la siesta, con eso te lo digo todo.-resumió Lana.

-Vaya, ¿No te gusta el cine?¿No ves series ni nada de eso?.-preguntó extrañado Abraham

-De vez en cuando veo alguna peli, pero no todos los días, porque voy a terminar asqueando la tele.

-No es para menos, Lana.-asintió con la cabeza él.- vamos a tener tiempo para muchas pelis

-¿Tú crees que pasaremos mucho más tiempo encerrados?

-Creo que si, no pinta muy bien la cosa.-dijo apesadumbrado.-en toda Europa, eh, no solo en España…

-Pues,vaya, tela…me iba a mi pueblo este mes,¿sabes?.-bajó la cabeza Lana, recordando sus proyectos, su sueño ahora hecho añicos…

-Bueno, piensa en lo más importante…tu vida. Siempre que estés viva, podrás volver a tu pueblo. ¿Es muy bonito o qué?.-curioseó él

Aquella pregunta hizo viajar a Lana. Al mismo tiempo que describía cada rincón precioso de su pueblo, podía sentir el viento azotándole en la cara, el olor del mar en las mañanas frescas de otoño, el miedo que pasaba cuando la luz de los relámpagos iluminaba su dormitorio entero…y ella se despertaba y no podía volver a dormir, y pasaba la noche oyendo las olas romper con aquel poder que admiraba y temía a partes iguales. Pudo sentir los adoquines mojados bajos sus pies, en las tardes cuando volvía de casa de alguna amiga, con la que había estado haciendo los deberes del cole…o el perfume de aquellas flores que crecían en el parque frente al ambulatorio. Era embriagador.

-Realmente…mereces volver y disfrutar de tu pueblo el resto de tu vida..-le dijo sorprendido Abraham.-no te ves la cara cuando hablas de tu pueblo, chica…cambia tu expresión y se te ilumina…todo!

-Es que me encanta.-confesó Lana.-me he llevado casi tres años peleando y negociando con mi jefe para que me cambie mi contrato y lo ponga al 100% teletrabajo…y ahora que lo había conseguido, pasa esto.

Al igual que minutos antes, Lana había brillado de pura ilusión hablando de la belleza de su pueblo, ahora todo eso se convirtió en oscuridad y tristeza. Se volvió opaca y estuvo a punto de cerrar la ventana.

-No es por pecar de optimista….ey!…mirame!.-elevó el tono él, para llamar la atención de Lana.- pero, no has podido irte, ya podrás…pero, el destino es el destino. Y aquí estamos. Nos hemos conocido en estas circunstancias. ¿Cuánto tiempo llevas viviendo ahí enfrente?

Lana echó cuentas rapidamente…

-Unos ocho años, más o menos, ¿por qué?

-Porque yo llevo diez años viviendo y trabajando aquí, y jamás te había visto..-ambos se sorprendieron.-pero, te digo más, es que jamás había abierto este balcón para asomarme. Lo tuve que limpiar cuando empezó el confinamiento, y ahora he puesto aquí hasta una mesa y una silla, para poder desayunar aquí tranquilamente. Si alguna vez quieres acompañarme, desayuno a eso de las ocho cada día.- terminó con un gesto cordial de invitación, parodiando una reverencia.

-Pues,mira, no es mala idea. .-pensó Lana.- al menos podría compartir mis malos modos de “recién despierta” con alguien más que conmigo misma.- bromeó.

-Ahhh, nooo, ya tengo bastante con los míos!!!.-contestó riéndose Abraham

Lana no podía creer que fuesen las once de la noche. Se le había pasado la hora de la cena, la hora de la lectura y hasta la hora de llamar a sus padres, menos mal que esa misma mañana había podido verlos. Pero eso no se lo perdonaba.

Cuando cerró la ventana, dispuesta ya a irse a la cama, se dio cuenta que estaba eufórica y llena de energía, imposible meterse en la cama con el propósito de dormir. Se preparó algo ligero de cena y se lo comió mientras veía una película.

Era una película que había visto un millón de veces, menos mal, porque le daba rabia cada vez que intentaba ver algo en la tele pero no podía concentrarse. Y eso le estaba pasando en esos momentos, no podía ni estar atenta a la película. Solo podía pensar en la conversación con Abraham. En hablar con él de nuevo, en lo a gusto que se sentía hablando con él. En aquella primera frase… “creo que llevo esperando más de lo que pensamos los dos.”…

Solo había sentido una vez aquello que dicen que es el amor. Fue en aquel primer noviazgo de juventud, con Jose, cuando ella creyó que estaba enamorada…pero siempre que lo pensaba, llegaba a la misma conclusión, “si hubiese estado enamorada, no habría dejado a Jose”. Ella misma ratificaba sus palabras cuando veía a su hermano Edu y a Nana, juntos desde muy jóvenes…por eso Lana pensaba que ella aún no conocía el amor.

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Nota de la autora: Lana se sorprende a si misma en este capítulo. Se conoce un poco más al dar la oportunidad, no solo al vecino, sino a si misma también, de conocer alguien nuevo…entablar conversación con él e incluso poder pensar en él durante mucho tiempo. Cosa impensable en su vida «normal».

Todos recordamos aquellos días como un período «fuera de lo normal» en nuestras vidas. Todo lo que pasaba era extraordinario. Y aquello de hablar con los vecinos a través de las ventanas no fue una excepción. Y lo de conocer vecinos que vivían junto a nosotros desde siempre, tampoco.

Sigo queriendo pensar que todo pasa por algo. Y esto también…espero que os esté gustando. Hacédmelo saber!

Lana(9)

Sin darse ni cuenta, había pasado casi el mes de marzo. Ya casi andaban rozando el día 30, y seguían con la sensación de que todo se había paralizado hacía 15 días. Es curioso, pero esa percepción duraría mucho tiempo.

Lana seguía su rutina, con ella conseguía no pensar mucho en el mundo exterior. Todo lo que pasaba más allá de sus puertas y ventanas era desolación en su cabeza. Cuando pensaba en “fuera”, solo podía visualizar su pueblo, su playa y, por supuesto, a sus padres, sanos y salvos, esperándola.

Todo esto que estaba ocurriendo, y que parecía una mala pasada del destino, a veces le hacía sentir pánico. Se sorprendía muchas veces limpiando de manera compulsiva, su cocina brillaba ya del exceso de limpieza. Se podía comer en su suelo. Sus cristales eran los más transparentes del edificio. Había leído hacía tiempo que aquellos comportamientos compulsivos eran normales en situaciones desesperadas. En encierros.

La incertidumbre de no saber cuando se iba a terminar aquello. El no poder bajar a la calle con total libertad. El abrir la puerta de su casa, para secar el suelo recién fregado, con miedo. El tener pesadillas casi cada noche. Era agotador.

Eran muchos los días en los que tenía que obligarse a levantar de la cama. La sola idea de hacer lo mismo cada día, por hacerlo. Sin ninguna obligación…

En la empresa habían empezado los trámites del erte. Cuando recibió el correo en el que se comunicaba aquello y el teléfono empezó a sonar, los mensajes del grupo de trabajo…todos se veían despedidos ya. No sabía como explicar aquella circunstancia a sus compañeros. Silenció el grupo durante dos días. Cuando volvió había más de diez mil mensajes.

Lana entró, dejó un mensaje de calma, un enlace de Internet donde se explicaba lo que era un proceso de erte y pidió por favor a todos que hiciesen yoga.

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A partir de entonces, el trabajo se fue reduciendo, ya no había encargos que hacer, y el contacto con el gerente también. Unos pocos correos a la semana. Igual pasó con las llamadas telefónicas.

Con sus hermanos siguió haciendo las videollamadas, era una salvación la mayor parte de los días.

Muchos días se sumaban sobrinos y cuñadas. Con lo cual era un sucedáneo de reunión familiar.

En una de ellas, Lana mencionó la idea de llamar a Sebas a la hora que su madre le dijo que iba cada día, para poder ver a sus padres.

Edu les dijo que él llevaba un par de semanas queriendo ir, cuando le preguntaron sus hermanos que por qué no había ido aún, les confesó que los cuatro habían pasado el dichoso virus. Un cliente se lo había contagiado y ya se habían hecho el test tres veces, pero aún les daba, solo a dos ya, positivo.

No estaban muy mal, solo a Nana le había dado fiebre muy alta. El resto no habían pasado de los 38º. Pero Nana estaba muy débil. Todos los días llamaban al hospital, al estar todos contagiados en casa, no los admitían en el centro. Dos enfermeros, vestidos de “astronauta” habían acudido a casa. Les habían hecho pruebas para comprobar que, los que estaban peor, no tuviesen neumonía. Por el momento, nada de eso. En el caso de empezar con la neumonía, se llevarían al que fuese para la uci.

Así desbloqueó Lana un nuevo miedo en su vida. “Que ningún miembro de mi familia muera por el covid”. Que buen año, este 2020, pensó.

La idea de contactar con Sebas y así poder ver a sus padres, no dejaba de rondarle la mente. Una tarde, después de hacer la cena, entró en la app y buscó el contacto de Sebas.

-Hola, Sebas, creo que no me recordarás. Soy Lana, la hija pequeña de José Núñez, del matrimonio que en el paseo marítimo, frente a la cala grande.

El mensaje se marcó como recibido a los pocos segundos, Lana esperó algo más y enseguida se marcó con el doble stick azul. Sebas lo había leído.

Pero pasarían casi dos horas hasta que recibió la contestación. Estaba leyendo, tratando de distraerse para no estar mirando continuamente si Sebas contestaba o no.

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-Hola, Lana, buenas noches. Si te recuerdo, estuviste por aquí hace poco, además tus padres me hablan de ti cada día. Ellos están muy bien, si era eso lo que querías saber.

-Gracias!!!, no, Sebas, eso lo sé, hablo con ellos cada día. Solo quería preguntarte si era posible que te llamase un día de estos cuando estés allí, en su casa, para poder verlos por vídeo llamada.

-Hombre, yo creo que sería posible, claro. Pero no se lo vayas diciendo a todo el mundo, que desde la entrevista en las noticias, todo el mundo me llama. Hay muchas personas mayores en el pueblo, Lana. Más de las que nos imaginamos.

-Si, me hago una idea. Bueno, ya tú me dices cuando podemos hacer la vídeo llamada. Te lo agradezco enormemente, Sebas. De verdad. Estás haciendo una labor que me encantaría poder hacerla yo.

-Es muy dura, Lana, no se la deseo a nadie. Muchos días llego y las personas no me abren la puerta. Tengo que llamar a los bomberos, para que abran la puerta. Y a lo mejor es solamente que se durmieron, pero el susto no me lo quita nadie. Es muy satisfactorio ver como ellos me esperan, porque soy el único contacto con el mundo que tienen, pero es duro.

-Lo entiendo. Pero me encantaría estar allí. El encierro sería otra cosa con ellos cerca.

-Bueno, Lana, ya queda menos para poder salir.

Los días iban pasando con la lentitud que pasa el tiempo cuando haces algo obligatorio o que no te gusta. Las tardes se hacían eternas. Lana se dio cuenta de que no tenía suficientes libros en su biblioteca particular para tantos días. Había descubierto un rincón en su salón donde daba el sol a determinada hora de la tarde. Tomaba su libro, el que estuviera leyendo en ese momento, y se tumbaba al sol. La mayor parte de las veces, terminaba simplemente relajándose. Dormitando. El sol le daba un estado de relajación especial. Era como una droga. Después de aquel ratito diario, se sentía muy bien.

En esos ratitos pudo observar mucho por su ventanal. Sabía que estaba mal. Pero aquello se había convertido en el deporte nacional. Había visto hasta intercambiar comida de ventana a ventana entre vecinos que, probablemente, ni se conociesen.

Comenzó a observar a una pareja que vivía enfrente, dos pisos más abajo. Ella estaba embarazada. No dejaba de pensar en esa situación. ¿Cómo se afronta esa época de tu vida en la que te ven más médicos que nunca sin pisar el hospital por peligro extremo? ¿ O sin poder salir a pasear?, se supone que las embarazadas deben andar por su salud y la del feto. Un millón de preguntas similares se le ocurrieron, sabía que nunca se las haría a aquella chica de la cual no sabía ni su nombre, pero fantaseaba con hablar con los vecinos, igual que muchos otros lo hacían.

En uno de esos ratos, estaba Lana observando a otra vecina. Una madre de familia que llevaba adelante ella sola a cuatro hijos, uno de ellos en silla de ruedas. A Lana le producía una ternura profunda cuando esta mujer terminaba de acostar a todos sus hijos y salía a su balcón a fumarse el único cigarro del día, mientras lloraba en silencio a oscuras y creyendo que nadie la veía. Bueno, al menos no la veía nadie que la quisiese.

Andaba embargada por esa ternura cuando se sintió observada. Serían las diez menos algo de la noche. Cuando buscó la mirada que la observaba, se percató en el piso justo frente al suyo. Una sombra, de la cual no se distinguían facciones ni detalles, la miraba tranquilamente, igual que ella había estado observando a aquella madre en su momento de desahogo personal.

Se sintió muy incómoda, por lo que cerró la ventana, la cortina, la persiana y porque no había nada más que cerrar, sino lo habría cerrado también.

Nunca había visto nadie en aquel piso. Bueno, a decir verdad, nunca se había fijado en sus supuestos vecinos de enfrente. No sabía siquiera que allí vivía gente.

Aquella noche se fue a la cama con la intriga, pero también con el propósito firme de no cambiar sus hábitos de observación porque alguien la miró esa noche…

Al día siguiente, como cada día al levantarse, abrió todas las ventanas para ventilar el piso. Se puso a preparar el desayuno al ritmo de Adele a todo volumen. Mientras estaba tomándose el café pudo ver varias personas de un lado a otro en el piso de enfrente. Pero no le prestó más atención. Siguió con sus cosas. Cuando estaba terminando de revisar los correos, a eso de las once de la mañana, sonó su teléfono. Cuando miró la pantalla para saber quien la llamaba, vio que era una vídeo llamada de Sebas.

Los nervios le hicieron saltar de alegría y hasta se olvidó de como descolgar el teléfono.

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-Holaaaaa!!!.-gritó con alegría Lana

Al otro lado de la pantalla, un poco pixelados, los rostros de sus padres sorprendidos la miraban con emoción

-¿Lana?.-dijo su madre confusa.-¿Esa es mi niña, Sebas?

-Si, Carmela, esa es tu niña.-dijo riéndose el agente.

-Lanaaaaa.-gritó su madre sin poder contener el llanto

-Ay, que mujer esta.-dijo entonces su padre,abrazando a su mujer.-¿Cómo estás, mi niña?

-Bien, papá, estoy muy bien.-dijo sacudiendo las lagrimas de sus mejillas.-aburrida, pero muy bien de salud y ahora muy contenta de poder veros. ¡¡¡Os quierooo!!!

-Nosotros también,cariño, te queremos mucho

En aquella primera vídeo llamada, primera de muchas, se hicieron un resumen rápido de aquellas semanas encerrados,aunque hablaban cada día y había poco que contar, lo más importante era verse.

Cuando terminaron aquellos intensos diez minutos, Lana cayó en el sillón devastada. Hecha un mar de lágrimas, con mil abrazos frustrados en su pecho y un millón de besos que guardaría para el reencuentro. Una mala sensación que le hacía pensar…¿Y si es la última vez que los veo?…Al menos había podido comprobar que sus padres estaban bien de salud. Vio a su padre algo demacrado, pero, ¿quién no estaba demacrado ahora?

Al incorporarse, mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo, escuchó de repente:

-¿Hacía mucho que no los veías?

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Después de muchos días, al menos para mí son muchos, vuelvo a dejaros aquí un retazo de la historia de Lana. En este capítulo, en el que vemos un recuerdo de los efectos que aquel confinamiento dejó en nosotros (pánico, miedos nuevos, no querer saber nada de las noticias…), también recordamos aquella relación que se empezó a crear de «ventana a ventana» y sus variantes.

La verdad es que aquella experiencia que vivimos es digna de ser recordada, por mucho que nos pese.

Espero que os guste y perdonad la ausencia. La salud manda. ¡Que tengáis una buena semana!

Lana(8)

La semana del 16 de marzo empezó con la consabida noticia del confinamiento en todo el país. Cierre de todos los edificios oficiales, incluidos centros educativos, ambulatorios y demás.

Lana despertó con la alarma de cada mañana. Tuvo que incorporarse y espabilar un poco para darse cuenta de que seguía dentro de la misma historia donde se había quedado dormida la noche anterior.

Decidió llamar al gerente, para saber el plan de actuación que iban a seguir en aquellas dos semanas de encierro.

La conversación fue corta y concisa. Los mandamases habían decidido que se sacase el trabajo contratado y con un tiempo límite. El resto, podían parar estos quince días. Se iban a enviar por correo electrónico las contraseñas y demás permisos para entrar al CRM de la empresa desde casa, desde los equipos personales de cada empleado, para seguir la actividad.

Lana desayunó tranquilamente y se asomó a la ventana. Hacía calor y se veían algunos despistados por la calle. Todavía no habían dicho por la tele quien podía salir y en qué casos, así que no era cosa de juzgar….además tampoco tenía ganas.

Se dispuso a encender el portátil cuando sonó el teléfono. Vio en la pantalla “Mamá movil” y lo descolgó enseguida.

-Hola,mamá.-intentó parecer animada.-¿qué tal estáis?

-Hola, cariño, aquí estamos.-dijo su madre abatida.- sin poder salir…Lana, cariño, ¿has ido al trabajo?

-No, mamá, estamos todos confinados, vamos a trabajar desde casa.

-Madre mia, Lana, ¿ahora que vamos a hacer?

-Mamá, han dicho que solo son dos semanas, tú tranquila, ¿vale?…

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Lana terminó la llamada intentando animar a sus padres, aunque ella misma estaba más que convencida de que el dichoso confinamiento no se quedaría en dos semanas. Ojalá todo fuese tan bien como para salir de nuevo de aquí a dos semanas, pensó mientras veía por la ventana a su vecina de abajo saliendo a tirar la basura.

Ahora si, la calle estaba desierta. E impresionaba. Daba miedo. Otra cosa que daba miedo.

La verdad es que estaba descubriendo un montón de nuevos miedos que ni siquiera sabía que existían. Miedo a que le pasase algo a sus padres y no poder ir ayudarlos. Miedo al silencio que ahora reinaba en la calle. Miedo al caos. Miedo…

Pasaron tres días y la rutina de Lana en su confinamiento se empezó a marcar. Desayuno, algo de ejercicio, ducha, correos, trabajo, cocinar, almorzar, televisión,leer,televisión, cena, leer, dormir.

Poco más, bueno, olvidé poner el tiempo de videollamadas con sus hermanos. Descubrieron esa distracción, que bien servía de terapia de familia, en el primer fin de semana, cuando Robe la llamó y Lana le preguntó si había hablado con Edu. Robe le dijo que habló con él en los primeros días, pero ya no más. Lana colgó y entró en el grupo de la familia y le dio al botoncito de videollamada.

Hubo quien no lo cogió, pero los tres hermanos si. Así empezó todo.

Cada día compartían al menos veinte minutos de charla. La mayor parte de los días casí no había que contar, al fin y al cabo estaban confinados, no había mucha novedad en sus hogares….las tareas de los niños, los métodos de cada profesor/a para hacerles llegar dichas tareas y para recogerlas. Los problemas que iban surgiendo en el terreno laboral, Robe tenía empledos a su cargo y no sabía que iba a pasar con el negocio si este confinamiento seguía. Si dos semanas ya eran mucho tiempo para mantener cerrado un restaurante, no quería imaginar más tiempo.

Por días iba aumentando la actividad de la gente en las redes sociales. Los videos, los tutoriales, la gente contando sus experiencias y cantando o bailando. El uso de las redes subió como la espuma, estaba claro que eran la válvula de escape de casi todo el mundo.

Al mismo tiempo que transcurrían los días, también se iban descubriendo nuevos detalles del virus que los había llevado a esta situación. Venía de lejos, desde China, se propagaba muy rápido y fácil y había que estar fuerte para no caer muy enfermo por culpa de esos “bichitos”.

Se empezaron a crear bulos de todo tipo sobre el virus. Gente que inventaba efectos secundarios sacados del mismo cerebro de Stephen King, otros que decían que lo habían traído los extraterrestres, para terminar con la población humana del planeta.

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Lana solo tuvo que salir una vez de casa. Para comprar algunos alimentos y mascarillas. Se cruzó con algunas personas del barrio y pudo comprobar en primera persona el miedo que todos compartían a esas alturas. Todo el mundo guardaba la distancia que habían indicado en la televisión, todos llevaban mascarilla, incluso vio alguna persona con dos, muchos llevaban también pantalla protectora en la cara. Los guantes y las bolsas de plástico eran habituales en todos los comercios.

Lana dejó fuera de casa los zapatos y al entrar, se desnudó y lavó toda la ropa que había usado en la calle. También lavó, en la medida de lo posible, los alimentos que traía. Toda limpieza era poca ante lo desconocido.

Las llamadas con sus padres eran diarias y preocupantes. Llevaban fatal estar encerrados, juntos y discutiendo las 24 hrs del día. Necesitaban ver a alguien. Además, necesitaban algunos medicamentos, ya que ambos tenían diferentes tratamientos. Su doctora les había llamado, a titulo personal, para saber como andaban. Les había pedido que no saliesen. Tanto ella como sus colegas del ambulatorio estaban tratando de conseguir un método con el que hacerles llegar las medicinas.

El día 26 de marzo de 2020 todos pendientes de la televisión, iban a decir si podían volver a la normalidad, Lana pensó que aquello de ver las noticias era una perdida de tiempo, viendo los titulares ya sabía que iba a seguir confinada…ya no quería pensar ni cuanto tiempo más. Se puso a cocinar, de espaldas a la pantalla, mientras esta parloteaba ella picaba la cebolla y el pimiento de su sofrito.

De repente escuchó un nombre conocido y el nombre de su pueblo. Corrió hacia el salón, en la pantalla, una reportera desde el estudio entrevistaba, mediante videollamada, a un hombre uniformado de policía local. ¡Era Sebas!, resulta que Sebas se encargaba de llevar las medicinas a las personas mayores del pueblo, casa por casa, incluso les hacía otros recados.

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Lana no sabía cuando, pero sin darse cuenta, empezó a llorar. Ver a aquel hombre que conocía desde su juventud, hacer un acto tan altruista y lleno de bondad, le llenó el alma de esperanza.

Se levantó para llamar a su madre, pero la pantalla se iluminó con el nombre de “Robe” en ella.

-Ey!!, ¿has visto a Sebas?.-dijo Robe sorprendido.-Lana,¿estás ahí?¿oye, estás bien?

-Siii, solo me he emocionado un poco, Robe, tranquilo.-respondió Lana secándose la cara.

-Pues, normal, si es que es para emocionarse.-Robe también parecía emocionado.-Sebas es un gran tío!

-Creo que tengo su teléfono por aquí, voy a mandarle un mensaje de agradecimiento.

-Yo creo que también lo tengo.-pensó Robe.-después echo un vistazo y te digo, hermana.¿Qué tal ha ido el día?

Lana no pudo evitar reírse ante aquella pregunta. Robe se sorprendió ante aquel gesto de su hermana. En los breves segundos que duró la sonrisa en su boca, Lana pudo ver el montón de cosas que hacía en su día a día “normal”.

-Pues…igual que el de ayer, el de antes de ayer y el de mañana…igual.-Lana aprovechó la risa de su hermano para beber un sorbito de la copa de vino que se había servido antes de hacer el almuerzo.

-Eyy!!..¿Qué haces bebiendo?.-exclamó Robe

El sorbito de vino estuvo a punto de salir por la nariz de Lana al mismo tiempo de una risotada por su boca. No podía creer que su hermano mayor preguntase aquello en serio. Miró fijamente la pantalla para intentar descifrar si era broma o no.

-Es que me he quedado sin agua y esto era lo único que quedaba en la despensa.-vaciló Lana.

-Que bien preparada tienes esa despensa, pequeña.-dijo Robe, guiñando un ojo a Lana.- Bueno, voy a llamar a los abuelos, a ver como van y si han visto a Sebas.

-Venga, dentro de un ratito los llamaré yo. Un beso a los niños y a Susana. Cuando quieras, tengo otra botella sin abrir.-dijo Lana, levantando su copa.

-Acepto, hermana…ojalá mañana nos podamos tomar dos botellas de esas, todos juntos.

La rueda de prensa diaria que ofrecía el gabinete de crisis terminó con la ilusión de quien todavía pensaba que el día 30 sería el último de encierro. El Congreso de los diputados autorizó la petición del gobierno de ampliar el estado de alarma y, por tanto, el confinamiento.

Los aeropuertos cerrados, los transportes marítimos cortados, los viajes entre provincias prohibidos, miles de personas multadas por saltarse el estado de alarma..y todos los días, miles de nuevos contagios, ucis saturadas, muertos…una pesadilla que no tenía fin.

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Ya por la noche, después de pasar la irritación de tener que estar 15 días más confinada….pero con el sentimiento de que aquello el estado de alarma no iba a terminar tan pronto…llamó a sus padres, dispuesta a alegrarles un poco lo que quedaba de día con el asunto de Sebas.

-Buenas noches, mamá-dijo alegre Lana.-¿Cómo estás, guapa mía?

-Hola, hija…aquí estamos, muy aburridos, Lana. Ya no sabemos ni que hacer.-dijo su madre bastante apagada

-Oyeee, no quiero escucharte así.- intentó no llorar al hablar a su madre así.- si os desanimáis, os va a parecer que el tiempo corre más lento.

-Si es verdad, cariño.-pensó su madre.-pero a veces, no lo puedo remediar. Esto no lo hemos vivido nunca y es muy duro para nosotros. Cada día nos enteramos de alguien que cae malo aquí en el pueblo. ¿Has visto a Sebas?, que buen hombre, nos trae las medicinas a casa, que cariñoso y amable, de verdad…

-Siii, lo he visto, vaya corazón de oro que tiene ese policia, mamá!

-Si que es verdad, hija, viene casi todos los días solo para preguntarnos como estamos y si necesitamos algo, es muy buena gente.

-¿y a qué hora va,mamá?.-empezó Lana a maquinar…

-Pues, mira, suele venir al mediodía, sobre las doce y media o así, pero es que va por todo el pueblo, no creas que han dejado ellos de trabajar.

-No, mamá…ellos no pueden, son servicios esenciales.

Imagen de Sabine van Erp en Pixabay

Nota de la autora: Esta semana, Lana ha llegado un poco más tarde. Todo tiene su por qué y más cuando se trata de la salud de un ser querido.

Nos situamos ya en pleno marzo’20, removiendo aquellos recuerdos dormidos, aquellos días en los que salíamos a nuestras ventanas y balcones a aplaudir a unos servicios esenciales que hoy parecen no ser necesarios. Aquellos días en los que pensábamos que todo aquel desastre nos devolvería a la normalidad siendo mejores…y a día de hoy, comprobamos cada día lo equivocados que estábamos.

Poco a poco, Lana y su familia van viviendo, como todos vivimos en aquel año, un confinamiento que fue muy duro en algunos casos. No os quiero adelantar nada, pero a partir del próximo capítulo, se aproxima un giro inesperado de la historia.

Espero que lo disfrutéis y mil gracias por esperar por Lana y por mi. Eva.

Como curiosidad, os cuento que mucha gente me piden los enlaces a los capítulos anteriores, por eso, dejo por AQUÍ el primer capítulo de Lana. Ojalá os enganché tanto como a mi!!