Lana(7)

La semana fue pasando caóticamente, Lana tenía la sensación de estar muchas veces dentro de una película de la que era solo una mera espectadora. Cuando llegó a la oficina,el lunes por la mañana, fue directamente a la reunión con el gerente. En aquella reunión, en la que estaba todo el personal que había acudido a trabajar, se trataron un montón de diversos asuntos, como siempre, pero había uno de ellos que estuvo muy presente y que se habló durante mucho rato. Juanma, uno de los chicos del departamento de creatividad, estaba enfermo, pero tan enfermo que estaba ya en el hospital, entubado por una neumonía bastante grave que venía arrastrando desde la semana que pilló libre a finales de Enero para ir a visitar a un familiar a Toulouse. El gerente estuvo comentando que había hablado cada día, desde el jueves que Juanma había sido ingresado, con su esposa. Ella le iba informando. En uno de esos momentos en los que Lara creía disociar y verlo todo desde fuera, decidió preguntar por qué tanta agitación ante una baja.

-Es normal en esta época del año pillar una gripe que te deje secuelas y la vayas arrastrando el resto del año, no sería la primera baja por eso.

-Si, Lana, así es.- dijo pacientemente el gerente.- pero Juanma está muy mal. Saben que tiene neumonía, pero no saben porque sigue empeorando cuando le están administrando el tratamiento correcto.

-He visto en las noticias que….-intentó decir una compañera de contabilidad…

-Bueno, ya estamos con las noticias.- exclamó algo alterado el gerente.- vamos a centrarnos en lo que tenemos aquí, porque en las noticias se están diciendo muchas tonterías, creo yo.

La reunión terminó en ese punto. El gerente llamó a Lana a su despacho y los demás compañeros se fueron marchando cada uno a su punto de trabajo.

-Lana, ¿qué tal la familia?.-preguntó el gerente al tiempo que se sentaba e invitaba a Lana a hacer lo mismo.

-Bien, ya sabes, deseando que vuelva al pueblo, normal…después de tantos años…

-Lana, no te voy a mentir, lo de Juanma me preocupa bastante. He cortado la reunión porque si se me va de las manos, podemos entrar en una histeria colectiva que no nos lleve a nada bueno..- mostraba la preocupación en sus ojos.- tengo amigos por “allí arriba”.-dijo, refiriéndose a altos cargos.- y lo que me dicen no es nada halagüeño, pero no pueden hacer saltar una alarma sin saber como va a responder el pueblo.

En otro momento de disociación, Lana creyó estar soñando. ¿Realmente de qué estaba hablando su jefe?¿Alarma?..no entendía nada.

-Un momento.- dijo Lana, saliendo de su ensueño.- ¿esa alarma es por la neumonía?¿o de qué estamos hablando ahora?, porque me he perdido hace rato.

-Lana…¿ves la televisión en algún momento de tu día a día?¿has visto la tele en casa de tus padres?

Imagen de Claudia en Pixabay

Lo pensó por unos momentos…solo había visto películas y programas deportivos, durante el fin de semana, más películas, alguna serie…pero los informativos, los pasaba, prefería no enterarse de las guerras, las masacres y demás desgracias…al menos en estos momentos de su vida, no quería llenarse de pena ajena.

-Si te digo la verdad, la he visto poco y nada de informativos…

-Vale, ¿has escuchado algo de un virus que ha aparecido en China?

-Ahhh, si, lo escuchamos el primer día, pero apagué la tele, no quiero que mis padres piensen que van a enfermar.- confesó Lana.

-Ay,Lana…tu eterno empeño de proteger a todo el mundo…ese virus está arrasando China, hay sitios en los que llevan ya un mes confinados…

-¿Confinados?¿Encerrados?.-preguntó asustada Lana

-Si, encerrados, pero para todo. No pueden salir de casa, solo para lo más imprescindible. Hay miles de muertes cada día, y todavía no sabemos nada sobre ese supuesto virus.-dijo el gerente echándose las manos a la cabeza.- esto es una locura, Lana, hasta han cancelado el Mobile World Congress.

-Bueno, creo que debemos tener tranquilidad ante todo. Somos los que debemos dar ejemplo aquí. No sé, en el caso de que llegue a España ese virus, nos enteraremos a tiempo para no contagiarnos todo Cristo. Allí, en China, son muchísima gente. Es normal que se contagien muchos. Estadísticamente, es normal.

-Lana, ya ha llegado, tanto en Canarias como en Baleares hay turistas contagiados…en otros puntos del país también hay más gente contagiada-dijo contrariado el gerente.-al menos esa información nos ha llegado.

Después de unos minutos de incómodo silencio, Lana se levantó..

-Bueno, voy a seguir currando,¿no?.- dijo en tono divertido, para romper el momento que se había creado.

-Ok, Lana.-respondió el gerente.- ¿Qué día tienes decidido irte?

-Creo que el viernes 26 estaría bien, así puedo pasar el primer finde en mi casita.

-Muy bien, vamos a trabajar un poquito y lo vamos viendo, Lana.- el gerente levantó la cabeza de los documentos que tenía en la mesa, guiñó el ojo a Lana y siguió con semblante serio.- Ojalá puedas hacerlo como lo planeas.

Lana salió del despacho mucho más confusa de lo que entró. Al llegar a su despacho, practicamente vacío ya, se sentó frente al ordenador y tecleó la palabra “virus”….la sorprendente cantidad de millones de resultados la dejó anonadada. En su cabeza se asentaron palabras que fueron resonando mucho en aquellos días siguientes…coronavirus, confinamiento, muerte…palabras que se repetían en todos los artículos en los que Lana cliqueaba para tratar de informarse.

La semana fue pasando, sin más novedad que la incertidumbre que crecía en la oficina al mismo tiempo que las noticias en las diferentes pantallas en las que cada cual se informaba sobre lo que pasaba en el mundo.

El miércoles a última hora, fuera del horario laboral, todo el personal recibió un email que rezaba tal que así:

“Se informa a todo el personal de la empresa de la reunión con carácter de urgencia que se celebrará mañana a las nueve en punto de la mañana en el despacho de nuestro gerente, D……”

Con ese mensajito de “buenas noches”, ¿Quién era capaz de dormir?

-Buenos días, mamá, ¿Qué tal estáis?

-Buenos días,cariño.-respondió su madre somnolienta al otro lado del aparato.- que tempranito llamas hoy, ¿no, Lana?

-Si, lo siento, ¿os he despertado?

-No, estoy preparando el café, vamos a desayunar ahora. ¿Cómo va el trabajo, hija?

-Bien, mamá, como siempre.- Lana empezó a dudar si hacer la pregunta o no.- Oye…

-Dime,cariño, ¿qué te pasa?…¿tú crees que no sé ya que te pasa algo?…vamos, Lana..

No había quién engañase a su madre, estaba claro.

-Mamá, ¿hay mucha gripe por el pueblo?¿muchos resfriados o algo así?

-Bueno, mira, ayer estuvimos en el ambulatorio y nos dijo el enfermero que había mucha gente enferma, que estaban cayendo con la gripe muchísima gente. Es que no es normal estos calores que están haciendo hija…

-Si que es verdad, mamá.- dijo escondiendo su preocupación Lana.- hablamos esta noche, ¿vale, mamá? Y así hablo con papá también. Un besote a los dos.

-Vale, cariño, después hablamos. Besitos!!

Lana no consiguió lo que iba persiguiendo en un principio, pero logró algo. Al menos sabía que había muchos enfermos en el pueblo, pero era gripe, o al menos eso le había dicho el enfermero a sus padres.

Realmente el clima no acompañaba, hacía mucha más calor que en años anteriores. En la costa podía sobrellevarse, pero en la ciudad el calor era asfixiante en algunos momentos del día.

Salió con tiempo suficiente para comprar por el camino un bollito de crema, de esos que tanto le gustaban, e ir tranquilamente comiéndoselo por la calle, de camino a la oficina. Y que la gente la mirase como cuando era una mocosa y se iba comiendo el pan que su madre le mandaba a comprar.

Llegó a la oficina, entró en su despacho y de lejos vio llegar al gerente. Se dispuso a salir para saludarlo, pero vio que iba bastante acelerado y hablando por teléfono. Lo dejó pasar.

A las nueve en punto se cerraba la puerta del despacho del gerente. Dentro del despacho, unas quince personas esperaban con curiosidad el comunicado urgente…

-Os he convocado aquí hoy para daros una noticia.- empezó a decir el gerente con gesto grave y tono serio.-es una pésima noticia, pero debéis saberla, claro está. Anoche, a eso de las ocho y cuarto de la tarde, Juanma empeoró, su respiración fue colapsando y falleció. Siento decíroslo así, pero no encuentro otra manera.

El revuelo en la oficina fue unánime. La confusión que llegó después fue acallada por el gerente…

-La mujer de Juanma y su hija han sido ingresadas también. Empezaron a tener síntomas el lunes. El martes ya no pude hablar con ella, estaba entubada, hablé con el padre de Juanma. Y él me ha ido informando de todo. Por lo que le han dicho los médicos, ha sido el virus…

-Pero…yo he estado en contacto con él antes de darse de baja…¿tengo el virus ese?.-preguntó un compañero de creatividad.

-Según dicen, si lo tuvieses, tendrías síntomas ya.- le respondió una chica de recepción.- pero yo voy a ir al hospital en cuanto salga, no vaya a ser…

-¿Podemos ir juntos?.-dijo otra compañera.-a ver si lo vamos a tener todos..

Lana miró a su gerente y decidió hablar y tratar de tranquilizar al personal.

-A ver, por favor..-intentó hablar por encima del bullicio que se había formado.-vamos a guardar la calma. Si nos hubiésemos contagiado, estaríamos visiblemente enfermos. Al menos, eso dicen, tendríamos tos, fiebre y nos costaría respirar. Aquí estamos todos bien, ¿no?

-Si, creo que estamos todos bien..-respondió el gerente.-gracias, Lana, por tu calma y rigor. Vamos a intentar trabajar. Nos vamos a ir informando de lo que ocurre, intentad que sea de fuentes fiables, nada de rumores. Y al final de la jornada, nos reunimos de nuevo, vemos si estamos bien y seguimos.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Con ese ánimo de cooperación, que realmente siempre reinaba en la empresa, siguió adelante la semana.

El mazazo de la muerte de Juanma fue una losa que difícilmente pudieron superar. Las siguientes noticias, más duras si caben, decían que no podían acudir a su velatorio ni a su entierro. Lo cual los sumió en un clima de confusión y preocupación más grande.

El fin de semana llegó como un respiro. Un poquito de aire fresco entre tanto aire viciado, tanto rumor y tanto dolor que se iba acumulando en la oficina.

No ayudaba para nada el deber de estar informada en todo momento de lo que sucedía en torno a un virus desconocido de procedencia más desconocida todavía y que lo único que dejaba a su paso era muerte.

El día 9 de marzo había cientos de contagiados en España, confirmados, por coronavirus. Empiezan a surgir noticias de comunidades autónomas que van a suspender las clases en todos los niveles educativos. Solo por dos semanas. Hay al menos veinticinco muertos.

Empezar la semana con tal noticia era, cuanto menos, machacante.

Pero había que seguir.

Lana había estado en contacto con sus padres y hermanos durante el fin de semana. Su madre le había contado que había ido al piso a ventilarlo y limpiarlo un poco. Se le oía con tanta ilusión que podía pararse el tiempo y toda aquella marabunta que las rodeaba cuando hablaba de todo lo que rodeaba a la vuelta de su pequeña al pueblo.

-Cuando yo esté allí no hará falta que vayas a limpiar,mamá, ¿lo sabes,no?.-tentaba la suerte Lana.

-Si,claro, por eso lo hago ahora, hija mía. Tú tranquila.

El día 10 de marzo se acumulan otras tantas muertes en todo el país. Se suspenden las clases durante dos semanas en más comunidades autónomas y hasta se cancelan las Fallas de Valencia. Así mismo, los partidos de fútbol tendrán que celebrarse sin público.

Cada día era un nuevo “cartelón” de noticias a cual más digna de confusión.

Y además era como ver y sentir que el círculo se iba cerrando en torno a todo lo que Lana quería.

La semana se tornaba pesada y espesa. Empezaba a sonar a broma pesada todo aquello. El mismo día que salta la noticia de la suspensión de las clases en buena parte del país, Carla, la otra recepcionista, dice por el grupo de Whatsapp de la empresa que empezó a tener tos en mitad de la noche, le subió rápido la fiebre y decidió irse a urgencias. Cuando les llegaron las fotos de los pasillos de urgencias atestados de gente, los audios de Carla, explicando que llevaba esperando dos horas por una radiografía….un texto en el que decía que la habían ingresado en una planta medio vacía, donde el personal iba vestido de astronauta…todo era tan surrealista, que daba mucho miedo.

Sin querer saberlo, todos sabían que terminaría pasando lo que pasó. Dia 15 de marzo de 2.020.

Inicio del confinamiento en España.

Imagen de Barbara Rosner en Pixabay

Nota de la autora: lo que se veía venir, llegó. Efectivamente, el covid llega a la vida de Lana, como llegó a todas nuestras vidas. De imprevisto, poniéndolo todo patas arriba y desmontando la versión de la historia que nosotros, entre todos, habíamos montado.

La confusión inicial fue tremenda. En el punto de la historia en el que nos encontramos, lo va a seguir siendo. Y va a provocar cositas por varios flancos en la historia de Lana.

Por si hay alguien despistado por aquí que quiere leer la historia desde el principio, AQUÍ dejo el link de Lana(1). A partir de ahí, podéis encontrar todos los capítulos de esta historia.

Como siempre, espero que os guste. Hacédmelo saber, por favor. Gracias por seguir ahí.

Lana (2)

En principio había pensado ir en la semana libre de Semana Santa, pero justo al segundo pensó que iba a poder ver pocos pisos, porque la gente también aprovecharía para salir del pueblo. Así que decidió hablar con su gerente y pedirle unos días en el mes de febrero, ir con toda la tranquilidad y, en el caso de encontrar algo de su gusto y conveniencia, ir haciendo la mudanza tranquilamente y poder trasladarse definitivamente en Semana Santa.

Su madre seguía insistiendo en que no necesitaba piso de alquiler ninguno, que tenía su dormitorio tal cual lo dejó y no necesitaba más.

Lana dio gracias a la providencia por la paciencia con la que había sido dotada. Sentarse con su madre, tomarle las manos y hacerla comprender que, con su edad, necesitaba vivir sola, había sido todo un reto. Su madre era una mujer dura. Tanto por fuera como por dentro.

Su padre habló con medio pueblo, incluso con la chica de la inmobiliaria, esa que se dedica a “sacarle los cuartos a los turistas”, para intentar buscarle el piso más bonito, cerca de la playa y barato (misión imposible) a su niña.

Salió en el primer tren de la mañana, dejó todo controlado. Evidentemente todos en la oficina, aunque ya trabajaba la mayor parte del tiempo desde casa, habían entendido que quisiera hacerlo con la tranquilidad que también le caracterizaba, con su aplomo natural. Al llegar al pueblo, su padre la estaba esperando y directamente fueron a ver un apartamento en pleno paseo marítimo. Pequeño, muy luminoso y muy caro. Carísimo. Su padre se escandalizó. Casi tiene que sacarlo de allí a rastras para evitar que montase un númerito…él vio levantar aquella finca, fue siempre un caserón que en sus bajos había alojado un restaurante y en los pisos superiores vivían sus propietarios y los empleados del restaurante. Aquello le pareció un abuso. Indignado, invitó a su hija a una cerveza en el bar de la plaza grande.

Markus Distelrath en Pixabay

Al entrar, le pareció entrar en un día cualquiera de 1989. Le pareció ver a Santiago tras la barra, realmente era su hijo, Santi, que también era de su quinta. Las tragaperras. La música. Los cuadros de las paredes. Las mesas, con los manteles de cuadritos. El expositor de tapas, con los boquerones en vinagre y las huevas aliñadas. Todo. Hasta el olor era de 1989.

Santi salió de detrás de la barra para dar la bienvenida a Lana, le abrazó afectuosamente y le preguntó si quería tomar algo. Su padre le llamaba desde una mesa al fondo, Santi y ella caminaron juntos hacía la mesa, ella le dijo que tomaría un refresco. Al llegar, su padre le pidió una cerveza.

Lana se sentó junto a su padre y le dijo, sorprendida, que no creía que a su madre le gustase saber que bebía a escondidas. Su padre le dijo, con humildad y con esa zalamería propia de un niño pequeño, que solo iba a beber ese día porque estaba con su niña y estaba muy contento, porque ella se venía al pueblo de nuevo.

Santi llegó con las bebidas y un platito con aceitunas. Les preguntó si iban a tapear algo. Su padre le dijo a Santi que no, que tampoco podían entretenerse mucho, que estaban buscando piso para Lana.

El gesto de Santi cambió y los dejó con un “Ahora vuelvo”…a los pocos minutos volvió, si, sonriente con un papel en la mano. Le indicó a Lana que era el número de un amigo que tenía su piso cerrado en el pueblo y que no iba a volver por un largo tiempo. Que lo llamase, a ver si había suerte.

Lana salió del local y marcó el número en su móvil. Al otro lado se oyó una voz cordial. Tras unos veinte minutos, Lana entró sonriente en el bar y les dijo a Santi y a su padre, que esperaron pacientes, que mañana tenía las llaves del piso. Ya había visto fotos y el dueño estaba esperando la mitad de la fianza, entendió que Lana le preguntase a Santi si era de fiar. El dueño no había querido aceptar la fianza entera, porque no tenía pensado alquilar el piso en cuestión. Pero al día siguiente todo quedaría cerrado.

Lana estaba tan contenta que abrazó a Santi y le pidió una cerveza para ella al oído. Cuando Santi llegó con la cerveza de Lana, su padre no pudo más que reír y celebrarlo con ella.

Cuando todo va tan bien, Lana se mosquea. Como todos.

Dormir esa noche fue un paseo por el paraíso. Escuchar las risas de su madre cuando le contaron lo acontecido durante la tarde, la alegría en sus ojos, poder ver como bromeaban por la cerveza prohibida y darles las buenas noches con el corazón lleno de todo el amor que le daban, la llevo a tener sueños lindos toda la noche.

Imagen de David en Pixabay

Al día siguiente había quedado en el bar de Santi a las once y media con Agustín, el dueño del piso.

Resultó que Agustín era amigo del hermano mayor de Lana. Tenía cuatro años más que ella. Conectaron muy bien desde el principio, estuvieron hablando de todo un poco y, cuando la madre de Lana llegó de comprar, salieron del bar y se dirigieron al piso.

El piso era un piso tradicional del centro del pueblo, pero reformado completamente. Todo el mobiliario era nuevo. La paredes, las ventanas… el piso había sufrido una reforma completa hacía muy poco. Y estaba sin estrenar. Lana no sabía como preguntarle a Agustín el por qué.

Pero su madre no necesitaba mucho.

.- Y perdona que me meta donde no me llaman, pero…¿por qué un piso tan precioso y cerrado?…¿no tendrá fantasmas o algo,nooo?.- le soltó a Agustín a bocajarro.

Lana no sabía donde meterse.

Agustín explicó que tanto su novia como él habían remozado y decorado aquel piso al detalle, para poder venir a vivir al pueblo tras su boda, que hubiese sido en enero de 2020…se hubiesen casado si él no hubiese metido la pata hasta el fondo el día de navidad de 2019, en el que se fue de fiesta y terminó en una habitación de hotel con tres chicas. Y así terminó el piso vacío. Y Agustín también.

Con la cara de circunstancias que se les quedó a todos fue difícil seguir con la visita. Pero Agustín les dijo que no se preocupasen, que la vida seguía y que si él podía ayudar a Lana con el alquiler, pues estupendo para ambos.

Concretaron las condiciones económicas y Agustín fue a imprimir un contrato al despacho del administrador de comunidades, que era el que sabía de esas cosas en el pueblo, según él.

El contrato lo firmaron en el bar de Santi, en el cual brindaron por el trato. Un contrato muy beneficioso para ambos y amable en cuanto a gastos ajenos a quien alquila. La amabilidad de Agustín se hizo patente desde el principio.

Después de una amena charla con Santi, Agustín, sus padres…Lana estaba agotada. Todavía tenía que revisar el correo interno de la oficina y las novedades en el CRM de la empresa. Su madre no dejaba de insistirle en ir a almorzar a casa de su hermano, pero Lana le contó todo lo del trabajo y consiguió que la dejasen un ratito sola. Su padre le dio sus llaves de la casa y se fue con paso lento, como quien no quiere pero debe ir. Al llegar a la casa materna, Lana entró en la cocina y se preparó un sándwich y un café, se había adormilado un poco escuchando historias y recordando anécdotas de su niñez con Santi y Agustín. Esperaba que el café le despejase un poco los sentidos.

También dejó que su cabecita fantasease de nuevo con la idea de volver a vivir allí. Con la idea de volver habiendo conseguido su objetivo, al menos uno de ellos. Podía presumir, y no lo hacía, de tener un buen trabajo, bien remunerado y haciendo lo que más le gustaba. Incluso podía seguir escalando en la empresa. Pero, todo eso…lo vería con el tiempo y desde allí.

Imagen de hjrivas en Pixabay

Sabía que los años ya eran un obstáculo para cumplir otro de sus objetivos: ser madre. Pero era uno de los sacrificios que hizo por su carrera, fue una de esas cosas que tuvo que dejar en el camino. Lo hizo siendo muy consciente de lo que hacía. Y con mucho dolor. Dolor que tuvo que pasar, como casi todo en su vida, sola. Tenía amigas y compañeras de trabajo, pero ninguna tenía tal nivel de confianza como para contarle algo tan intimo. Y doloroso. Estaba segura que, de habérselo contado a su madre, nada hubiese sido igual….se imaginaba como una película cómica en la cual su madre se encargaba de buscarle novio y marido, e iba a la empresa a decir que su hija volvería después de criar a su nieto. A lo mejor sonaba un poco exagerado, pero seguro que no andaba muy lejos de la realidad. Por eso, jamás mencionó nada. Fueron pasando los años, simplemente. Y parecía que todos ya daban por hecho que ella no quería ser madre. Mejor así.

Se sentó frente al portátil y empezó a abrir emails, resolver dudas y problemas. En algunos correos delegaba en otra persona preparada como ella para solventar el problema. En otros había que adjuntar documentación. En ese caso la tomaba de los archivos en red de la empresa y los adjuntaba. En apenas hora y media solucionó un montón de incidencias. Escribió a su gerente y le contó, tal como le había prometido, como iba el proceso de cambio de residencia. La comunicación con él, ahora que habían conseguido deshacer el entuerto del teletrabajo, era muy fluida y muchos eran los días en los que compartían decenas de emails, llamadas y mensajes.

Cuando daban las siete y media de la tarde y Lana se acababa de poner el bañador y se disponía a bajar a la playa, llegaban sus padres de vuelta de su visita a casa de Edu, su hermano mediano, su madre la miró de arriba a abajo y le dijo:

  • Pero, ¿Dónde vas, mi niña?….parece que no hayas cumplido años, parece que todavía tengas quince y estén tus amigas esperándote en la esquina para salir corriendo a la playa…hace frío, mi niña, no te vayas…- dijo acercándose a Lana y abrazándole la cintura, hundiendo la cabeza en su pecho.
  • Mamá, solo voy a darme un bañito, en veinte minutos estoy aquí. Me duele la cabeza por la luz del ordenador. Necesito despejarme.- le cogió la cara entre sus manos y le plantó un beso en la nariz.- ¿Necesitas que te traiga algo de la calle?

Su madre se quedó pensando, fue al frigorífico murmurando algo y se giró para decirle a Lana que no necesitaba nada, que tenía el plan de cena listo y solo necesitaba que no viniese muy tarde.

A esas alturas del año, a las siete y media de la tarde…bueno, casi las ocho, por el tiempo que su madre había dedicado a despertarle recuerdos…ya había anochecido. Pero a Lana no le daba miedo la noche en la playa, incluso le gustaba mucho bañarse a oscuras.

Cuando llegó a la playa se detuvo ante el espectáculo, la oscuridad se abría paso entre nubes y tonos violáceos, casi un oleo perfecto que ni el más prestigioso de los museos tendría jamás colgado en sus paredes, y allí estaba… como dándole la bienvenida. Bajó a la arena, se quitó las zapatillas, el pantalón y la camiseta. Corría un viento suave y frío que, por momentos, cortaba la piel. Se dispuso a meterse al agua, necesitaba relajarse. El frío contacto con el mar le hizo estremecerse, la piel se le erizó. Pero duró poco, se adaptó pronto al liquido elemento. Como si formase parte de él. Sabía que no podía estar mucho rato, tampoco quería enfermar. Ni mucho menos desesperar a su madre con la cena. Durante unos minutos dejó la mente en blanco, sintió cada roce con el agua en cada salto, voltereta y zambullida. Aquello era una verdadera terapia para ella, como si con cada brazada que daba, el agua le quitase las preocupaciones de encima.

Imagen de 11514282 en Pixabay

Al entrar en casa, con las llaves de su padre, se encontró a su madre de frente.

.- Mamáaaa, que susto!!.- dijo sobresaltada

.-Susto el mío, cariño….que no recordaba que tu padre te había prestado sus llaves.- dijo su madre realmente asustada con la mano en el pecho.

Las dos empezaron a reír como locas. Del susto pasaron al chiste. El padre de Lana se asomó a ver que pasaba y terminó diciéndoles que estaban locas las dos.

La cena ya estaba lista, solo faltaba que Lana se duchase y dar buena cuenta del pescado asado con verduras que había preparado su madre con todo su cariño y experiencia.

Tras la cena, una breve charla acerca de la agitada vida en la gran ciudad, la diferencia de muchos hábitos de un sitio y otro. Los precios de la gran ciudad y los precios del pueblo. La gente. La falta de humanidad. La falta de empatía. De fondo, las noticias resonaban desde el televisor. Hacía muchos días que un tema acaparaba las noticias de todos los canales. Había un virus, eso parecía, una enfermedad que estaba contagiándose a gran velocidad en China. Y en puntos de Europa. En algunos noticieros ya le ponían nombre: coronavirus o algo así.

En primer lugar, y como siempre…mil gracias. Por seguir aquí, por compartir, por hacer una labor que yo sola no puedo y que es llevar este blog a todos los rincones del planeta. Por eso, por vosotros, sigo haciendo esto que tanto me gusta.

Ya tenemos a Lana medio instalada en su pueblo natal. Reencuentros, añoranzas, expectativas varias, emociones. Y siempre de fondo…ese mar que embriaga y llena su alma cuando más vacía está.

Espero que os guste y no os decepcione, porque sé por experiencia que si un libro te decepciona, es difícil de curar. Que lo disfrutéis. Hasta el próximo capítulo.

Lana (1)

No podía quitar de su cabeza la idea de volver a pasear cada mañana por la orilla de la playa, de su playa, de aquella playa que la vio crecer y madurar y que también vio sus últimas lágrimas antes de irse. El retorno se le antojaba feliz, pero al mismo tiempo le producía gran incertidumbre.
Lana había pasado los dos últimos años luchando con el jefazo de la empresa donde trabaja, el motivo: el teletrabajo. En una sociedad competitiva, moderna, conectada al 100% del tiempo…¿Por qué no podía trabajar desde su ordenador, instalado donde ella quisiese?
En los tres meses anteriores a la decisión final, había demostrado que podía hacer todo su trabajo desde casa. Había acudido a reuniones en la sede muy esporádicamente. Y también podía haberlas seguido e interactuado desde su salón. Al final, tanto el departamento de recursos humanos como el propio gerente, habían dado su brazo a torcer y habían elaborado la modificación del contrato de Lana. En el se recogían las nuevas condiciones. Teletrabajo. Reuniones presenciales una vez al mes. No perdía nada, ni cargo, ni sueldo ni nada.
El departamento del que Lana se hacía cargo era un caramelo, casi todo el trabajo se hacía online. Tres personas trabajan con y para ella cada día. Ellas seguirían en la oficina, todo estaba probado y pensado.
A menos de un mes de la mudanza que la llevaría de vuelta al pueblo costero que la vio nacer, Lana no podía pensar en otra cosa más que en el mar. Esa conexión que tenía con el mar desde pequeña. Poder meter sus pies en el agua fría por las mañanas y sentir que el mundo era menos duro…A menudo sus sesiones de relajación y/o diferentes terapias iban acompañadas del sonido de las olas. Ese sonido tan gratificante. Le hacía sentir que la rodeaba. Le hacía sentir que estaba en medio del mar. Le hacía sentir mar.

PubliCo en Pixabay

Recordaba perfectamente los gritos de su madre en la muralla de la playa. Su madre sabía que siempre la encontraría allí. Si se hacía tarde y Lana no llegaba, solo tenía que asomarse a la muralla y allí estaba. Paseando, sentada en la orilla, bañándose…Lana en cualquiera de sus variedades.

Lana nació en un pueblo marinero. En 2020 Lana iba a cumplir 38 años, los iba a cumplir en su pueblo, después de muchos años, y rodeada de los suyos. Con un poco de suerte, como pillaba en verano, incluso sus amigos y amigas de la infancia podrían felicitarla.

Lana nació en una familia humilde. Su padre era pescador, ahora ya jubilado, y su madre, como el 80% de las mujeres del pueblo, trabajaba en la planta de envasado de pescado a pocos kilómetros del pueblo. Su infancia fue muy feliz. Ella y sus hermanos fueron niños muy queridos, igual que ahora lo son sus sobrinos, y corrían todo el día de la playa a la casa, con toda la pandilla….así de casa en casa. Muchos se hicieron novietes. Solo una de las parejas perduró en el tiempo. Lana solo salió con un chico del pueblo, Jose.

En la mayor parte de los casos, una vez que terminaban el instituto y debían escoger facultad o trabajo, dado que las dos cosas suponían salir de la zona de confort que era el pueblo…empezaba la desunión. Muchos escogieron hacer alguna carrera en la capital. Otros se fueron a la aventura, a descubrir que querían hacer realmente en la vida. Un porcentaje muy pequeño se quedó en el pueblo y ayudó a perpetuar algunos oficios que se hubieran perdido de no ser por ellos. Lana eligió estudiar algo que nadie quería. Todos le decían que aquello de la informática y el marketing no tendría salida. Que era una perdida de tiempo.

Casi les cuesta un disgusto a sus padres. Por creer a aquellos que decían eso. Lana se sentó con ellos a solas y les pidió seis meses. Solo necesitaba seis meses de estudios para saber si aquello realmente podría suponer un futuro estable para ella. Tendría que salir del pueblo, si. Tendría que hacer el esfuerzo de trabajar y estudiar al mismo tiempo para ayudar a sus padres en los gastos que la carrera conllevaba. Pero, si a los seis meses ella no veía nada….se lo diría a sus padres y le devolvería el dinero invertido.

StarUpStockPhotos en Pixabay

Gracias a la capacidad de convicción que siempre ha tenido Lana, y que bien le sirve en su puesto de trabajo, sus padres no pudieron negarse.

Aquel verano, después de la graduación, fue legendario. Aquella pandilla que había crecido cual raíces de árbol centenario iban a separarse… así que el último verano juntos no podía ser de otra manera. Festivales, comilonas, barbacoas, cenas familiares, la famosa verbena del pueblo. Cualquier excusa era buena para salir y celebrar.

Llegó la última quincena de agosto y las caras fueron cambiando. El ambiente se fue volviendo raro, espeso, melancólico. Las fiestas no se alargaban, se iban convirtiendo en reuniones intimas. Se iban haciendo pequeñas, porque solo se quedaba quien quería despedirse. Y las despedidas son duras. Al final siempre se quedaban los mismos cuatro gatos….Amalia, Sebas, Yure, Lidia y Manolo, además de Lana. Siempre hablaban de proyectos, de lo mucho que les iba a tocar estudiar en los próximos años, de lo mucho que iban a echar de menos aquellas calles, aquel aire marino, aquel ambiente tranquilo en el que vivían cual pececillos en un acuario de pocos litros. Ahora debían salir a mar abierto. Y enfrentarse a la vida de verdad.

Lana fue la primera en despedirse. El día 31 de agosto pilló el bus que la llevaría a la estación de tren y de allí a perseguir sus sueños en la gran cuidad. Atrás dejó a sus padres abatidos, a su hermano mediano, que seguía viviendo allí, igualmente muy preocupado. Y a la pandilla hecha añicos y lista para seguir perdiendo pedacitos cada día.

Dimhou en Pixabay

Los primeros años de Lana en la gran ciudad fueron duros. Recordaba, todavía con tristeza, los primeros días de facultad en los que no conocía a nadie. Además no encontraba trabajo. La habitación en la que mal vivía en el piso compartido con otros dos estudiantes era pequeña y asquerosa. Tuvo muy malos momentos en los que solo tuvo su propia mano para secar sus lagrimas. Momentos en los que tuvo que usar esa misma mano para plantar un bofetón a algún aprovechado y correr por calles que, aún veinte años después, eran un laberinto para ella.

Había hecho con sus padres el trato de los seis meses, pero se fue dando cuenta de que sería poco tiempo. Por fin encontró un trabajo que le permitía estudiar el tiempo suficiente como para aprobar. Trabajaba por las tardes, sirviendo meriendas a las señoronas a las que trataba tan bien que al poco tiempo empezó a recoger suculentas propinas, que recogía con una gran sonrisa y un enorme “Gracias”, que hacía las delicias de las ricachonas, faltas de educación. Ganaba bastante para ayudar a sus padres en el alquiler de la habitación. Y además podía comprarse algunos caprichos. Empezó a ahorrar para su primer ordenador.

El trato de los seis meses salió tal y como ella esperaba. Fue la primera vez que Lana vio que podría hacer todo lo que se propusiese en la vida. Todo. Preparó una mochila, se fue a la estación y sacó un billete de vuelta al pueblo. A pasar las vacaciones de Semana Santa con sus padres. Las de navidad las pasó sola. Estudiando. Y trabajando más que nunca, cubriendo vacaciones de otras camareras. Y también llevándose las propinas de ellas. No hay mal que por bien no venga.

Al llegar al pueblo, después de un viaje agotador, fue directa a la playa. Se quitó los zapatos, los calcetines, dobló el bajo de sus vaqueros y se metió un par de pasos en la orilla. Primero sintió el fuerte latigazo del frio, que la recorrió de arriba a abajo, hundió los dedos en la arena y a punto estuvo de caerse de bruces, la relajación que se fue extendiendo por su cuerpo…esa sensación de que ya no pasaba nada, estaba en casa, los problemas se quedaron allí…esa conexión que no conseguía encontrar en ningún otro sitio…algo habitual interrumpió todo este cúmulo de sentimientos…¡¿Lanaaa?!…

Su madre la llamaba confusa desde la muralla. Nadie sabía que Lana venía de vacaciones. Era una sorpresa, pero no pudo evitar ir antes a la playa que a su casa. Necesitaba mojar sus pies, era como si en estos seis meses se hubiesen secado…recordaba perfectamente haberle dicho eso a su madre cuando esta la abrazó finalmente al lado de la muralla. Entre lagrimas, su madre, le preguntó si ya se venía para siempre…Lana la abrazo muy fuerte y le dijo que ya después le contaba, en casa, con papá.

MargaritaMorales en Pixabay

Aquella noche, en la cena, después de haberse duchado de nuevo en su casa, en la casa de sus padres. Tomó la más grande y dura decisión de su vida, y después de comunicarlo a sus padres, fue más duro aún.

Lana había decidido seguir los estudios, terminar. Aquello le gustaba, le gustaba cada día más. Todo lo que estaba aprendiendo sobre el marketing, todo lo que podía aplicar en un montón de aspectos de la vida. La gente que estaba conociendo. El ambiente que rodeaba ahora su vida. Todo era muy positivo, le gustaba y le empujaba a seguir. Les rogó que fuesen a ver donde vivía ahora, ya que se había cambiado, había conseguido una habitación luminosa y más grande gracias a una amiga de su tutora en la facultad, con la que compartía charlas y en la que había confiado para decirle que vivía en una ratonera apestosa…a los pocos días, la tutora llegó y le dio un papelito con un número de teléfono, le dijo que llamase y preguntase por Maribel. Era la dueña del piso compartido. Una dulzura de persona que le facilitó todo el proceso de la mudanza, incluso le perdonó el mes de fianza, por estar el curso ya empezado. Las propinas sirvieron para ese primer mes.

Lana estaba deseando que sus padres viesen como vivía ella en la gran ciudad, les hizo prometer que la primera semana de verano irían a verla, a pasar con ella unos días. Lo prometieron entre lágrimas y rabia, ellos estaban convencidos de que su niña volvía para quedarse y llorar su fracaso en el pueblo. Algo no les dejaba comprender que Lana quería volver, quería terminar sus estudios y vivir de algo que ellos no comprendían. Pasaría tiempo antes de que lo comprendiesen.

Olexy @Ohurtsov en Pixabay

Hasta aquí el primer capítulo de la historia de Lana, el relato en el que estoy trabajando ahora. Tengo algunos capítulos ya escritos, a falta de revisión, y los iré subiendo.

Para poneros en contexto, corre el 2019, Lana prepara su vuelta al pueblo para seguir trabajando desde allí. Ya diciendo que la historia empieza en 2019…y nos adentramos en aquel 2020, que ahora nos parece lejano, podéis esperar cualquier cosa, ¿no es así?…pues, ¡vamos a por ella!.

Como siempre, espero que os guste.