Entramos en una época del año controvertida. Y no es nueva esta controversia, siempre ha existido gente a la que no les gusta la Navidad. Y es muy respetable, evidentemente.
Leo en redes, veo cartelitos, opiniones, chascarrillos, chistes…en los que muchas personas dicen que la Navidad antes era diferente. Os hago una pregunta, para saber si solo es una sensación mía, ¿La Navidad cambió o cambiamos nosotros?
Generalmente, quien dice que cambió esta época del año, es adulto. Adulto, pero mayorcito ya. Y recuerda estas fiestas con mucho cariño. Pero, claro…las recuerda desde otra perspectiva, ¿no creéis?, las recuerdan desde la memoria de un niño.
La memoria nos da la facultad de guardar esa visión para siempre, o al menos mientras dure esa memoria. Recordar la Navidad de nuestra infancia, en muchos casos, es recordar una Navidad sin problemas, llena de música, alegría, regalos y felicidad. Desgraciadamente, todos no pueden recordar una Navidad así. Cada casa es un mundo, y no en todas brilla el sol.
Multitud de personas crecen en hogares desestructurados, sin nada que celebrar, en mitad de conflictos bélicos, en la más absoluta pobreza y en circunstancias personales que a todos nos harían temblar. La vida no es siempre color rosa. Hay tantas navidades como personas.

Un duelo, una ruptura, una decepción (como la de mi anterior relato), una tristeza encallada, un sentimiento que duele y rasga el alma…todo ello te hace ver la vida de otra forma, ¿por qué no verías la Navidad de manera diferente?, si las lágrimas no te dejan verla.
Mucha gente, muchísima, tiene en esta época una tristeza acrecentada. Todo se une, las celebraciones, los regalos, las reuniones familiares….la hipocresía, la impotencia de no llegar a lo que la sociedad nos «obliga», el empeño que tenemos en aparentar aquello que no es, el consumismo reinante…que hace más patentes las diferencias entre clases (no nos engañemos, existen) y la gente que aprovecha cualquier ocasión para enriquecerse, que también existe.
En mi opinión, al final tenemos que pensar que los únicos que pueden disfrutar de la verdadera Navidad son los más peques. ¡Y bravo por ello!, se merecen unos días al año de pura felicidad, será como el oasis en el desierto de este mundo lleno de problemas, prisa, malos modos y seriedad de los adultos. Siempre pienso que debe ser muy duro ser niño en estos tiempos.
Adulto tampoco es fácil ser, os lo digo. Sentirse solo, aún estando rodeado de gente. Pensar que es época de amor, reconciliaciones, armonía y sentir que ninguno de esos aspectos van a estar en tu vida. Echar de menos a esa gente imprescindible en tu vida, y que sabes que nunca va a volver. Escuchar villancicos y sentir esa añoranza dolorosa que dentro de tu cabeza te dice que nunca más los volverás a cantar tan feliz como cuando tenías 8 años. Pasear por la calle y encontrar gente que se emborracha hasta desfallecer, probablemente para callar esa conciencia que le hacía ver las cosas de otra manera. Ver a gente comprando compulsivamente y pensar que solo es eso, ¿La Navidad es solo eso?¿Comprar?¿Hacer el mejor regalo?¿El más costoso?¿Qué valores estamos enseñando a nuestros peques así?. Es hora de reflexionar.

No voy a decir que me den asco las fiestas navideñas. Sin embargo, si puedo decirlo del comportamiento humano (como casi siempre). La poca empatía sigue brillando por su ausencia. La falta de sensibilidad hace que lo que antes era «pasteloso», pero ayudaba a los más necesitados, ahora haya desaparecido por culpa de la corrupción de unos pocos y porque ahora somos todos «muy duros». Mientras sigue habiendo gente pasando literalmente hambre. Eso si que es «ser duro».
Mi único deseo en estos días es que, si existe de verdad el espíritu navideño, que posea a quien realmente puede. A quien realmente influye. A quien de verdad puede hacer cambiar las cosas. Y haga que todos los niños y niñas del planeta no solo pasen unas navidades felices, sino el resto de su vida. Que todos tengan una vida plena, llena de trabajo y prosperidad. Y que puedan guardar en su memoria una Navidad como las de aquellos adultos que hoy dicen que ya no es lo mismo…¿Quimera?¿Sueño imposible? A mi parecer, no hay nada imposible si toda la humanidad se lo propone. Ojalá.





