¿Solo 15?

No podía creer todo lo que estaba pasando. El día de hoy lo recordaría de por vida, era lo único que ahora mismo tenía seguro. Todos sabemos que ser niño, joven, adolescente…hoy en día ya es un problema. Pero el día de hoy, había traspasado todos sus límites.

Si la cabeza no había terminado de explotarle, todavía recordaba que hoy era miércoles. Ese asqueroso día en el que ya empiezas a estar para el arrastre en lo que queda de semana. Se había despertado normal, con el mismo sueño (más propio de un oso en época de hibernación) que recordaba tener desde que empezó su vida académica…allá a los tres años…

Se pegó un duchazo rápido, para ir espabilando las neuronas que le quedaban vivas después de acostarse a las dos…es que Kevin no dejaba de retarle en aquel nuevo juego que se habían descargado el sábado, era genial, pero lo estaba matando de sueño…si su madre se enteraba, si que lo iba a colgar…jajajaja…

En el desayuno ya vio caras raras, pero no les hizo mucho caso porque eran las de sus hermanos pequeños. Ambos de siete años, mellizos, rubios ideales y con más mala ostia que el Joker. Así que verles caras raras a aquellos enanos, tampoco era tan extraordinario. Lo que si era extraordinario es que su madre no le recordara que tenía que pasar a recogerlos a la salida del cole, ya que los miércoles los enanos salían más tarde, justo cuando él salía del instituto.

Pero tampoco le dio mucha importancia. Repasó la mochila, cogió el bocata, se puso los auriculares y se marchó.

Rasheed Kemy/Unsplash

Su madre le decía constantemente que aquella costumbre suya de ponerse los auriculares les traería problemas un día de estos. Ella la tildaba de una costumbre que alimentaba el aislamiento personal que hoy sufrimos todos. Le llamaba antisocial cuando se ponía los auriculares.

Pero a él le daba todo igual. Necesitaba su música para seguir en este cuento tan gris en el que se había convertido la vida. Desde que dijeron aquello de la pandemia…ya nada había sido igual. Primero nos encierran (¿Sabéis lo que es soportar a dos leones encerrados en casa?=mellizos confinados), después nos empiezan a poner normas que se contradicen unas a otras, por supuesto instauran un toque de queda (en el cual casi le ponen una multa, figuraos, por cuatro minutos…menos mal que estaba entrando al portal de casa), todo el curso telemáticamente, cuando no hay medios para ello (unos profes se comunicaban por whatsapp, otros por instagram, algunos por email) creando tal guirigay que al final el que no pasó de curso fue porque no quiso, porque pasaron casi todos. A todo esto, mascarilla desde el primer día. ¡Que agobio!, y venga a decir que era por nuestro bien… Cuando ya fueron relajando las medidas, poco a poco, se pudo empezar a salir con relativa normalidad. Las mascarillas casi no las usamos entre amigos. Estámos todos bien!

Nos recalcan mil veces las medidas, que si la distancia, la higiene y las mascarillas. Pero al final hacemos como siempre. También hemos oído mil veces que la culpa de que el virus siguiese subiendo era de los jóvenes, pero importaba bien poco. Bastante tenemos con lo que tenemos encima.

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Ahora casi todo era normal. Si no fuese por aquel coñazo de la mascarilla.

Por eso, aquel frío miércoles de febrero, tocaba a primera hora la siempre interesante y amena clase de Valores Éticos, con el omnipresente Don Alfredo, que cumplía innumerables funciones dentro del centro, casi siempre adjudicadas por él mismo, eso si.

Aquello parecía no tener fin. Estudiar «La libertad» en los tiempos que corren, no era muy normal. Los de las últimas filas empezaron a pasar del tema e incluso alguno se puso a comer pipas (a primera hora comiendo pipas, eso si que es digno de estudio) , hubo quien dio hasta cabezazos del mismo sueño, ¡las contracturas de cuello aquella mañana fueron épicas!, pero también hubo quien atendió y tomó apuntes y todo. Don Alfredo estaba casi terminando de dar las últimas indicaciones para la redacción que tenían que presentar el próximo miércoles cuando sonó la alarma anti incendios.

De vez en cuando, los pipiolos de primero la accionaban, incluso ya habían castigado a unos cuantos. Pero les daba igual todo y seguían haciéndola sonar. Sobre todo en el cambio de clases. Por eso, Don Alfredo, se limitó a empezar a recoger tranquilamente sus cosas y mientras terminaba de decir como había que hacer la maldita redacción.

Entonces pasó la primera chica gritando. Todos se miraron. Caras de sueño, asombro, confusión… Nadie sabía que pasaba… Don Alfredo mandó a Miriam a su sitio, que ya se había levantado a cotillear, y se asomó él mismo al pasillo. Por una milésima de segundo, la cara del profesor fue de pánico puro y duro. Después volvió a su estado natural de indiferencia ante todo. Se volvió a sus alumnos y dijo: «Recoged vuestras cosas e id saliendo en orden y despacio».

Entonces si que fue una locura. Ni hubo «despacio», ni hubo «orden» e incluso alguno dejó sus cosas en clase. Intentaron salir todos a una, lo cual es físicamente imposible y tuvieron que parar y salir medianamente ordenados, no sin codazos y empujones. Todo entre gritos, risas histéricas y muchos nervios. Al salir, pudieron comprobar que la parte final del pasillo no se veía por culpa de un humo negro y espeso que cubría la parte superior, no sabían de donde podía venir, pero Don Alfredo tampoco estaba dispuesto a que lo averiguasen, porque los echó rápidamente hacia el exterior del recinto.

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Al salir pudimos ver que ya había bastante gente en el patio. Algunas chicas sentadas en el suelo, mientras otras les echaban agua en la nuca. Algunas estampas de ansiedad. Empezaron a sonar las sirenas en la lejanía. Un grupo de profesores fueron corriendo a abrir la puerta de atrás, la grande, cuando instintivamente una decena de alumnos y alumnas trotaron detrás de ellos. Evidentemente, no iban a dejar que saliésemos, iban a abrir la puerta para que los servicios de emergencia entrasen. Los primeros en entrar fueron los polis, ellos siempre en todos los saraos…Empezaron a poner orden y tal. Que pesaos. Después entraron los de las ambulancias, los sanitarios, se dirigieron rápidamente a las chicas que estaban peor, había una desmayada y otra que no dejaba de gritar (aunque no se le entendía lo que decía). Tras un rato esperando la entrada de los bomberos, nos informaron que habían entrado por la puerta principal, para poder rescatar a las personas que habían quedado atrapadas.

Un momento, ¿gente atrapada?, pero si estábamos todos allí…a ver.. había un montón de gente. ¿Estábamos todos? esto empezaba a ser confuso.

Un momento, otro. Los mellizos…¡los mellizos!. Estaban en el cole de al lado, el edificio adyacente era su cole, debían estar también en su recreo. Le pidió permiso a la Seño Alicia, la de Educación Física, y esta le acompañó a la puerta pequeña que compartían ambos centros, allí había un poli haciendo guardia (no nos fuésemos a escapar al otro cole, vaya) y le explico la situación. El poli abrió la puerta y pudo ver una situación similar a la que allí mismo se vivía, pero mucho peor, los alumnos del cole eran mas peques, incluso los mayores, los «veteranos» de sexto. Los profesores y profesoras intentaban, con ayuda de los polis que había allí llevar más o menos todo lo más calmado posible, pero era difícil.

El policía cerró la puerta a su espalda después de apartar a varios críos de alrededor y allí quedó, a la búsqueda de dos enanos maliciosos, rubios y peligrosos. Entre cientos de cabecitas aquello era como buscar azúcar entre la sal. Pasó por el grupo de los más mayores y siguió hasta el fondo, entonces vio a la que fue su profesora en primaria, Doña Carmen, y fue a preguntarle por los mellizos. Ella le dijo que los había visto por allí cerca, pero aquello era una locura llena de gritos, llantos, risas. Lo que viene siendo un recreo, si, pero fuera de hora, más largo y además con un hecho extraordinario dentro de las clases. Había niños gritando que querían ir con su madre, otros que tenían miedo de la policía, había algunos que jugaban como si no pasase nada..

Al fin, cuando ya creía que todos los niños del cole tenían la misma cara, le pareció ver a uno de los mellizos. Estaba sentado en uno de los escalones de entrada. ¿Estaba llorando?¿qué pasaba allí?…cuando se acercó, al enano se le iluminó la cara, se puso visiblemente feliz y hasta lo abrazó.

-¿Qué te pasa, enano?¿por qué lloras?- le preguntó intentando calmarlo.

– Iván venía conmigo de la mano cuando salimos corriendo de clase, pero de repente, ya no estaba. Ahora están buscándolo, porque aquí no está, en el patio.

Gerd Altmann en Pixabay

Aquello empezaba a hacerle rechinar los dientes. Era una costumbre que su madre intentaba quitarle por todos los medios, incluso llevándole a psiquiatras, pero nada. En cuanto se ponía muy nervioso, empezaba a rechinar. Y aquello era para ponerse nervioso. Le dijo al enano que no se moviese de allí, que iba a preguntar a la poli.

Se acercó a una policía que vigilaba que nadie accediese al interior del centro, esta actuó según su función y le dijo que no podía entrar. Entre el griterío de los alumnos, intentó explicarle que uno de sus hermanos menores había desaparecido y no sabía nada de él. Entonces la agente la dijo que todavía estaban buscándole, pero que no estaban seguros de que no estuviese en el patio, como había tanta chiquillería allí.

Evidentemente, aquello se había descontrolado. Si ahora mismo hubiese niños allí de tres colegios a la redonda, nadie se daría cuenta. Seguro. Se dio la vuelta, con el mayor de los desánimos encima, e intentó disimular cuando vio que el enano estaba mirándole.

-¿Quieres ayudarme a buscar a Iván? -le dijo, sacando fuerza de donde no sabía.- la poli necesita ayuda, venga, vamos.

Los ojillos claros de aquel pequeño se iluminaron y se puso en pie dispuesto a lo que fuese.

-¿Dónde os ponéis normalmente en el recreo?¿Hay algún sitio que os guste más?

Antes de formular la pregunta, ya sabía la respuesta. La fuente. Era evidente, la fuente era un punto caliente en cualquier recreo que se precie. Con todo este tema de la pandemia, habían cortado el agua en las fuentes públicas y en las de todos los recreos, pero hacía dos semanas que habían puesto en marcha la fuente del recreo de nuevo. Tras un limpiado profundo y una revisión exhaustiva, la fuente parecía nueva. Y, por supuesto, sus admiradores estaban esperándola. La fuente y sus alrededores eran siempre un centro de juegos, ya fuesen de agua o no, ya que en la última inauguración, la fuente llevaba incorporado un profe vigilante que cuidaba de que nadie bebiese de los chorros, la fuente solo servía para rellenar las botellas que cada alumno debía traer de casa. Lo cual dificultaba bastante el tema de los juegos de agua.

Al acercarse a la fuente no vieron nada. Por precaución habían cortado el agua de la fuente y no había niños jugando por allí. La fuente estaba anexa a un pequeño cuarto, el de mantenimiento, y formaban una de las esquinas del recreo. En una de las pasadas, vio que el enano le señalaba la puerta del cuarto. Estaba abierta. Se acercó con cuidado y antes de entrar gritó el nombre del otro enano «¡¡Iván!!». Al entrar aquello estaba oscuro y había humo, tras sacudir un poco con las manos y decirle a su hermano que se fuese, pudo ver, con mucha dificultad, a un niño sentado en un rincón.

123RF

Para él era evidente que era su hermano, pero ya no sabía si eran las ganas que tenía de que fuese él o no sabía ya nada.. En cuanto se acercó, aquel pequeñajo, realmente parecía más peque que Iván, se lanzó a su cuello llorando. Sin preguntar ni decir nada, salió rápidamente del cuartucho con el chiquillo colgado del cuello. Al salir, lo puso en el suelo y descubrió que, efectivamente, era Iván. La alegría que sintieron los tres se vino pronto abajo, tan pronto como Iván se desmayó. Le pidió a Fernando, que así se llama el otro enano, que no se moviese de allí, que iba a por un médico.

Se acercó corriendo a la policía de antes y le dijo que había encontrado al niño que andaban todos buscando allí dentro, que necesitaba ayuda inmediata, que se había desmayado y no sabía que hacer. La poli empezó a hablar por el walkie, le dijo que le indicase donde había aparecido su hermano. Él le señaló a la fuente. Aparecieron tres sanitarios en la puerta que daba acceso al centro y fueron detrás de él hasta que llegaron donde estaban los mellizos.

Ahora ,mirándolo desde lejos, podía darse cuenta de que uno de sus hermanos había estado en el incendio, dentro del edificio, tenía la cara y las manos sucias por el humo y las cenizas. Su respiración era lenta y dificultosa. Todavía no podían saber cuanto llevaba allí. Se asomó al cuartucho de mantenimiento y vio que la puerta que comunicaba con el centro estaba abierta, debía haber escapado por allí.

Su móvil empezó a sonar. Aquello era impensable, porque dentro del instituto estaban prohibidos, pero él llevaba puesto uno de sus auriculares y podía escuchar el tono de llamada. Descolgó y escuchó la voz de su madre, sollozando, al otro lado. «Estoy en la puerta del cole, solo dime que estáis los tres bien»

Nueva Tribuna

Miró por un momento a Iván, que iba recuperando poco a poco el aliento y le dijo lentamente a su madre que si, que los enanos estaban con él y todo estaba bien. La llamada empezó a sonar entrecortada y escuchó a unos bomberos gritando al otro lado del patio. Los sanitarios que estaban con ellos dijeron que había que moverse rápido, no sabía que estaba pasando. Otra vez.

Vaya día de mierda. Los silbatos empezaron a sonar estruendosamente, intentando que todos los niños fueran hacia la puerta que conducía a la calle, que al parecer ya tenían cortada, cuando sonó un crujido enorme, seco y rotundo. Nos giramos y se había caído medio colegio. Lo primero que viene a la cabeza es aquello de las cámaras ocultas…¿Dónde están?¿En que momento han empezado a grabar aquella peli en nuestro cole? ¿Cuándo va a estar todo de nuevo «normal»?¿Nadie sabe que las bromas tienen un principio y un final? ¿Holaaaaa?

Al salir a la calle, pudimos ver a muchísima gente allí esperando. Se supone que eran madres y padres, no quería pensar que ahora viniesen también los de las mafias del este europeo a llevarse niños. No estaba la cosa pa chistes.

Los llevaron de cabeza a la ambulancia. Le dijo a uno de los sanitarios que su madre estaba en las cercanías del cole, que si podía llamarla. El médico dio su visto bueno y al cabo de unos minutos su madre llegaba al cordón policial y, tras identificarse, la dejaron entrar.

La sensación de querer salir corriendo. De querer correr sin mirar atrás. De no saber nada de la vida. La horrible sensación de que la vida no te aniquila en dos segundos porque no quiere. El miedo. La ansiedad. Estaban allí y aquello podía ponerse peor, podía explotar todo por los aires. Empezó a sentirse mareado. Sentir los latidos del corazón en los oídos, en la lengua, en la garganta, retumbando en las muñecas, no era agradable. Su madre vino a abrazarle y le temblaron las piernas. Ella le invitó a sentarse en el suelo. Y a respirar tranquilo. Vino una enfermera vestida de naranja y le puso una mascarilla de oxigeno. Tenía frío, pero no sabía si lo hacía. Se dejó caer hacia atrás. La vida lo había mascado, tragado y cagado en pocas horas. Aquello había sido agotador. Y todavía era miércoles. Y él solo tenía 15 años. Solo 15. La vida.

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Sirva este post para daros la bienvenida a tod@s los que amáis, como yo, el mundo la lectura. Supongo que, en estos casos, lo primero es lo esencial, me presento: soy Eva, tengo 46 años y, aunque aparte de leer hago multitud de cosas (entre ellas vivir!), soy una lectora apasionada. Esta pasión empezó hace muchos años, creo que no tenía ni siquiera los diez cuando me leí mi primer libro «de adultos»…y con eso no quiere decir que fuese erótico, que tanto se llevan ahora, quiero decir que no tenía dibujitos, ni letras grandes…era un libro normal, como los que me sigo leyendo ahora. Aquel primer titulo fue «La historia interminable» de Michael Ende que abrió en mi aquellas ganas de devorar libros, ya que yo no sentía que devoraba libros, sentía que me metía en aquellos mundos que había dentro de aquellas páginas. Siempre me ha gustado la fantasía, la ciencia ficción, la ficción basada en la realidad…Salirme de mi mundo y transportarme a mundos lejanos donde ocurrían cosas maravillosas, o aventuras épicas o quizás tragedias que me destrozaban el alma antes de dormir.

Por mi mesita de noche han pasado multitud de autores, he tenido algunas épocas en las que he preferido un tipo de lectura y otras temporadas en las que no he leído durante meses por que, he de confesaros, que soy muy emocional para todo…y , si tengo la cabeza llena de problemas sin resolver (problemas de «andar por casa»), no me puedo concentrar en un difícil caso policíaco en el que un asesino en serie siembra en terror por las calles de la ciudad blanca, así que prefiero «aparcarlo» y retomarlo, o volver a empezar, cuando tengo mis cinco sentidos listos para la acción.

No sé si os pasará a vosotros también esto último, para mi es una debilidad, ya que, han sido muchas las ocasiones en las que he tenido que abandonar un libro por culpa de mi falta de concentración, me exaspera sobremanera tener que leer la misma estrofa seis veces porque mi cerebro se empeña en pensar en otra cosa mientras leo, me frustra muchísimo.

Así mismo, me he encontrado en este largo periplo lector con libros que, en las primeras veinte páginas, me han «gritado» que no me iban a gustar…eso que coloquialmente nosotros denominamos como «me ha enganchado desde el principio». Algunos incluso de autor@s de renombre, conmuchísima publicidad en los medios, algunos también premiados…

Una buena amiga me aconsejó que, cuando terminase de leer un libro muy «intenso», dejase un par de semanas de descanso a mi mente…no solo para descansar, al mismo tiempo mi cabecita iría procesando y digiriendo todo lo leído, así como desconectando del vinculo que, creáis o no, nace con los personajes.

Pues…sed bienvenid@s a mi sitio, espero que os vaya gustando lo que voy a ir publicando y sentíos como en vuestra propia casa a la hora de comentar…eso si, siempre con respeto y buena letra. Un saludo.