Por aquí ando de nuevo, tras unos días bastante alborotados …una nunca sabe lo que trastorna un ingreso hospitalario hasta que no lo vive. La cuestión es que me han operado y he pasado cuatro días en el hospital. La verdad es que voy lo indispensable a los hospitales, soy enemiga de las largas visitas y sobre todo de llevar a los niños a ver a los enfermos. Considero que los hospitales son, hoy en día, un foco de infección en potencia, donde hay que entrar cuando no haya más remedio…así que cuando me llamaron para ingresar y operar,tras organizar más o menos como iba a ir funcionando «la máquina» en mi ausencia, me hice mi lista y puse en primer lugar: mi libro.
Hace unos cuantos meses terminé el primer libro de la trilogía de Eva Gª Sáenz de Urturi, «El silencio de la ciudad blanca». Me gusta mucho este género y la verdad, no tenía el siguiente libro de dicha trilogía, así que empecé,mientras tanto, «Cuídate de mi» de María Frisa. Para no ser injustos, lo tenía un poco abandonado, por mi falta de concentración y nervios de las últimas semanas, y confiaba en que…en la tranquilidad del hospital, podría retomar e incluso terminar el libro.

Pues nada más lejos de la realidad. No sé en los hospitales de vuestro entorno, pero en el hospital en el que me han operado, la tranquilidad brilla por su ausencia…Menos mal que mi ingreso ha sido corto, sino salgo de allí más loca de lo que ya ando…
Los pocos ratitos que pude ponerme a leer, siempre me interrumpía alguien del personal médico, algún familiar de la enferma de al lado o, por supuesto, mis propios familiares.
Leer en el hospital, supongo que es, cuando menos, complicado. Creo que no importa cuan larga es tu estancia, si estás allí como enfermo o como acompañante, o si llevas lectura liviana o más profunda. Se ha demostrado que el ser humano necesita alrededor de 20 minutos para conseguir la concentración plena en lo que esté haciendo, y como ya os imagináis, incluso lo habréis podido comprobar, no hay veinte minutos tranquilos en un hospital. Ni siquiera a la hora de la siesta.
También he de decir que depende mucho de algunos factores:
- Gravedad de tu afección o de la afección de la persona a quién vas a cuidar. Esto determinará el tiempo de ingreso,claro…y también el tiempo que puedes dedicarle a la lectura.
- Frecuencia de visitas: tanto tuyas como de tu «vecino», si no gozas de habitación individual. Es difícil concentrarse en una trama cuando oyes las conversaciones de unos extraños a pocos centímetros de tu cama.
- Al igual que la frecuencia, es importante el tiempo de las visitas…es decir, el tiempo que las visitas permanecen en la habitación. Hay visitas interminables que, si te pillan leyendo, te hacen perder el hilo por completo de la trama.
- Y, por último, la elección del libro. Si te llevas un libro que ya has empezado en casa, es muy probable que no abandones en el intento, ya que es más fácil seguir el argumento. Pero si eliges uno nuevo, corres el peligro de que se te «atragante» a la primera de cambio, ya que tanta interrupción pasa factura y es bastante comprensible si decides dejarlo para otro momento, por ejemplo para tu recuperación en casa.
¿Estas reflexiones harán que tome otra decisión distinta de la que tomé cuando me llevé mi libro al hospital?….SI. Rotundo. Ahora sé que no puedo leer en un hospital, hay demasiadas distracciones para mi, demasiado ruido, demasiada gente. Y para mi leer es un verdadero placer, llenarme de letras al mismo tiempo que me lleno de relax, no tiene precio. Así que, si hay una próxima vez, el libro se quedará esperándome en casa, para ayudarme en mi recuperación.
¿Tenéis alguna experiencia de este tipo?¿Queréis compartirla aquí?…Sentíos libres de hacerlo. Un saludo!!!
