La voz sonó tan cercana que por un momento creyó escucharla en la misma estancia donde ella estaba. Dio un respingo y buscó de donde procedía la pregunta. Sentía que su cara se había puesto roja, el rubor se siente cuando sube, porque quema tu piel. Cuando fue a ponerse de pie…
-Tranquila, he sido yo.-dijo la misma voz.-aquí en la ventana.-esta vez, elevó el tono.
Lana miró entonces hacía el ventanal de su salón. Entonces se percató de la presencia de su vecino, en el edificio de enfrente. Un hombre de unos 30 años, moreno, pelo corto. Su piel era blanca, de un color pálido. Era alto y delgado. Y tenía una mirada…una mirada profunda y oscura.
Lana observó y analizó la situación. Utilizó la misma mirada crítica que utilizaba en su trabajo. Aquel vecino estaba haciendo lo mismo que ella hacía cada noche con la madre de aquellos cuatro chiquillos o con la pareja que esperaban a su bebé en breve. Solo que él había dado ese paso que ella nunca se atrevió a dar. En su cara no veía ninguna maldad. Al menos para tener la edad que parecía tener.
-Eran mis padres, hacía casi un mes que no los veía.-dijo Lana acercándose tímidamente a la ventana.
Se sintió super extraña. Nerviosa incluso. Hablar con alguien del “mundo exterior”, tener la posibilidad de entablar una conversación con alguien nuevo. Todo aquello era extraño y nuevo.
-Yo tengo a los míos muy lejos.- dijo el vecino bajando la cabeza.
Lana pudo observar entonces que los dos se sentían igual de solos. Pero recordó haber visto esa misma mañana a gente andando por su piso, vio varias personas.
-Perdona la intromisión, esta mañana había varias personas en tu casa. No sé si lo…
-Si, han venido a hacerme el test.-dijo antes de que Lana pudiese terminar de explicar lo que vio.-llevo un par de días algo congestionado, mi jefe me dijo que me quedase en casa y que iban a venir a hacerme la prueba. Estoy limpio por ahora. Pero es cuestión de tiempo.-dijo entonces con un tono de rabia, negando con la cabeza.
-No digas eso, hombre. Hay que ser optimista. No creo que todos vayamos a pillarlo.- dijo Lana, quitando hierro al asunto.
-Bueno, todos, no sé, los sanitarios…seguramente todos.
-Ahhh,¿eres sanitario?.-preguntó sorprendida ella
-Si, trabajo en una clínica privada. En la del Dr. Costa. Está a pocos minutos de aquí.-dijo empezando a gesticular, indicando con las manos la dirección a seguir.-¿Más o menos te ubicas?
Lana hacía unos segundos que había empezado a ver solo sus gestos. Le llamaban mucho la atención sus manos…
-Ey!
-Perdón, si, si sé donde está..-dijo Lana, volviendo a la realidad.- Creo que es una de las clínicas privadas asociadas al seguro de mi empresa. Me suena mucho el nombre.
-Seguramente, trabajamos con muchas aseguradoras. Pasa muchísima gente por allí. Por eso te digo que, seguramente, todos caeremos.
-Perdona si no te puedo contestar a muchas cosas, pero veo la tele y las noticias solo lo imprescindible. Es lo mejor para mi salud mental. Intento entretenerme en otras cosas, incluso he dejado de entrar tanto como antes en las redes sociales.
-Es lo mejor que has hecho, está el mundo muy loco por la red.-dijo él entre risas.-según dicen, ha subido la adicción a las apuestas online desde que ha empezado todo esto. Imagina como va todo.
Lana se dio cuenta entonces de todo lo que se estaba perdiendo. Pero no se arrepintió para nada, sus hermanos le iban contando algunas cosas, y ella alucinaba igualmente que con ese dato que le había dado el vecino, pero seguía sin conectarse por completo al mundo online, le daba bastante miedo en aquellos momentos.
Miró el reloj y se dio cuenta de que era casi la hora de almorzar. No quería despedirse del vecino, pero sabía que, por suerte o por desgracia, lo volvería a encontrar en cualquier momento.

-Oye, ¿hacemos una cosa?.-se atrevió a decir, después de pensarlo un rato.-porque me voy a almorzar ya y esta conversación me está gustando mucho…¿podemos vernos más tarde o vas a salir?-dijo Lana, riéndose al terminar la frase
-Bueno, había pensado salir esta noche, ya sabes, picotear algo y después a la discoteca.- sonrió el vecino.-perfecto, nos vemos por aquí….¿tu nombre?…
-Uy, verdad, no nos hemos presentado siquiera.-se ruborizo de nuevo Lana.- mi nombre es Lana, y ¿el tuyo?
-Que bonito nombre, Lana.-la miró intensamente.- mi nombre es Abraham.
-Perfecto, Abraham, por aquí nos vemos
Después de almorzar, Lana pensó en echarse un ratito en la cama. La excitación de la mañana la había trastocado y estaba algo cansada. Se preparó una infusión y se dirigió a su habitación. Cuando se dispuso a correr las cortinas, para gozar de un ambiente más oscuro para descansar, se fijó en el balcón de Abraham. Verdaderamente, el edificio de enfrente, era un edificio de lujo. Ahora que lo pensaba, este chico debía tener unos padres muy generosos y bastante adinerados que le ayudarían con su alquiler, porque seguro que aquel apartamento, en ese sitio y en las condiciones que lo tenía (lo poco que había podido observar Lana), costaría un dineral.
La música relajante, la infusión y el cansancio de la mañana hicieron que Lana durmiese una siesta como las de antaño, sin miedos ni preocupaciones. Cuando la alarma de su móvil la despertó pensó, ese día más que nunca, que había sido muy buena idea poner la alarma…porque habría dormido tres días igual de bien que esa horita, que se le hizo bien corta.
Tuvo que ducharse para espabilarse un poco, porque no terminaba de aclarar sus ideas. El cansancio mental hacía mella en Lana y, de vez en cuando, se le notaba claramente. Tras la ducha, pasó por el salón y, disimuladamente, miró hacia la ventana…tampoco quería que nadie notase que estaba deseando hablar de nuevo con su recién conocido vecino. Pero las cortinas del apartamento de Abraham permanecían cerradas a cal y canto.

Y así permanecieron el resto del día.
A las siete y media sonó el teléfono, como de costumbre, con una “Videollamada del grupo Familia” en la pantalla.
Lana no sabía si contar o no aquella novedad en su vida. Tampoco sabía si considerarla novedad, o siquiera considerarla. Solo había sido un rato de charla, por el momento solo se quedaría en eso.
Por tanto, decidió no decir nada en el grupo. Manu estaba charlatán e hizo reír a todos con sus ocurrencias, así que la videollamada fue bastante corta, en comparación con otros días, ya que Nana no quería que Manu molestase a sus tíos.
Todos estuvieron compartiendo impresiones de sus padres, ya que Sebas había tenido el detalle de llamarlos a todos en el ratito que estuvo en la casa familiar, y todos pudieron verlos. Coincidieron en que se les veía afectados, que este encierro no les estaba viniendo bien…pero también coincidieron en que seguro que a nadie le estaba viniendo bien.
Lana, normalmente, atendía las videollamadas desde el móvil, y tenía la costumbre de ir andando mientras hablaba…en uno de esos paseos, y de soslayo, miró a la ventana de Abraham y se sorprendió al verlo allí, como esperando.
Sus hermanos terminaron pronto, Manu no dejaba hablar a nadie, tras despedirse de ellos, Lana se asomó a su ventana y preguntó:
-Buenas noches, ¿llevas mucho esperando?.- bromeó.
-Buenas noches, creo que llevo esperando más de lo que pensamos los dos.
La frase impactó, ambos lo sabían, pero, para quitarle hierro…Abraham empezó a reír. Él no sabía el efecto que habría producido en Lana, a lo mejor le sentó mal…o muy bien….
-¿Que tal tú tarde,Lana?.-retomó la conversación él.
-Bastante aburrida, decidí echarme la siesta, con eso te lo digo todo.-resumió Lana.
-Vaya, ¿No te gusta el cine?¿No ves series ni nada de eso?.-preguntó extrañado Abraham
-De vez en cuando veo alguna peli, pero no todos los días, porque voy a terminar asqueando la tele.
-No es para menos, Lana.-asintió con la cabeza él.- vamos a tener tiempo para muchas pelis
-¿Tú crees que pasaremos mucho más tiempo encerrados?
-Creo que si, no pinta muy bien la cosa.-dijo apesadumbrado.-en toda Europa, eh, no solo en España…
-Pues,vaya, tela…me iba a mi pueblo este mes,¿sabes?.-bajó la cabeza Lana, recordando sus proyectos, su sueño ahora hecho añicos…
-Bueno, piensa en lo más importante…tu vida. Siempre que estés viva, podrás volver a tu pueblo. ¿Es muy bonito o qué?.-curioseó él
Aquella pregunta hizo viajar a Lana. Al mismo tiempo que describía cada rincón precioso de su pueblo, podía sentir el viento azotándole en la cara, el olor del mar en las mañanas frescas de otoño, el miedo que pasaba cuando la luz de los relámpagos iluminaba su dormitorio entero…y ella se despertaba y no podía volver a dormir, y pasaba la noche oyendo las olas romper con aquel poder que admiraba y temía a partes iguales. Pudo sentir los adoquines mojados bajos sus pies, en las tardes cuando volvía de casa de alguna amiga, con la que había estado haciendo los deberes del cole…o el perfume de aquellas flores que crecían en el parque frente al ambulatorio. Era embriagador.
-Realmente…mereces volver y disfrutar de tu pueblo el resto de tu vida..-le dijo sorprendido Abraham.-no te ves la cara cuando hablas de tu pueblo, chica…cambia tu expresión y se te ilumina…todo!
-Es que me encanta.-confesó Lana.-me he llevado casi tres años peleando y negociando con mi jefe para que me cambie mi contrato y lo ponga al 100% teletrabajo…y ahora que lo había conseguido, pasa esto.
Al igual que minutos antes, Lana había brillado de pura ilusión hablando de la belleza de su pueblo, ahora todo eso se convirtió en oscuridad y tristeza. Se volvió opaca y estuvo a punto de cerrar la ventana.

-No es por pecar de optimista….ey!…mirame!.-elevó el tono él, para llamar la atención de Lana.- pero, no has podido irte, ya podrás…pero, el destino es el destino. Y aquí estamos. Nos hemos conocido en estas circunstancias. ¿Cuánto tiempo llevas viviendo ahí enfrente?
Lana echó cuentas rapidamente…
-Unos ocho años, más o menos, ¿por qué?
-Porque yo llevo diez años viviendo y trabajando aquí, y jamás te había visto..-ambos se sorprendieron.-pero, te digo más, es que jamás había abierto este balcón para asomarme. Lo tuve que limpiar cuando empezó el confinamiento, y ahora he puesto aquí hasta una mesa y una silla, para poder desayunar aquí tranquilamente. Si alguna vez quieres acompañarme, desayuno a eso de las ocho cada día.- terminó con un gesto cordial de invitación, parodiando una reverencia.
-Pues,mira, no es mala idea. .-pensó Lana.- al menos podría compartir mis malos modos de “recién despierta” con alguien más que conmigo misma.- bromeó.
-Ahhh, nooo, ya tengo bastante con los míos!!!.-contestó riéndose Abraham
Lana no podía creer que fuesen las once de la noche. Se le había pasado la hora de la cena, la hora de la lectura y hasta la hora de llamar a sus padres, menos mal que esa misma mañana había podido verlos. Pero eso no se lo perdonaba.
Cuando cerró la ventana, dispuesta ya a irse a la cama, se dio cuenta que estaba eufórica y llena de energía, imposible meterse en la cama con el propósito de dormir. Se preparó algo ligero de cena y se lo comió mientras veía una película.
Era una película que había visto un millón de veces, menos mal, porque le daba rabia cada vez que intentaba ver algo en la tele pero no podía concentrarse. Y eso le estaba pasando en esos momentos, no podía ni estar atenta a la película. Solo podía pensar en la conversación con Abraham. En hablar con él de nuevo, en lo a gusto que se sentía hablando con él. En aquella primera frase… “creo que llevo esperando más de lo que pensamos los dos.”…
Solo había sentido una vez aquello que dicen que es el amor. Fue en aquel primer noviazgo de juventud, con Jose, cuando ella creyó que estaba enamorada…pero siempre que lo pensaba, llegaba a la misma conclusión, “si hubiese estado enamorada, no habría dejado a Jose”. Ella misma ratificaba sus palabras cuando veía a su hermano Edu y a Nana, juntos desde muy jóvenes…por eso Lana pensaba que ella aún no conocía el amor.
Nota de la autora: Lana se sorprende a si misma en este capítulo. Se conoce un poco más al dar la oportunidad, no solo al vecino, sino a si misma también, de conocer alguien nuevo…entablar conversación con él e incluso poder pensar en él durante mucho tiempo. Cosa impensable en su vida «normal».
Todos recordamos aquellos días como un período «fuera de lo normal» en nuestras vidas. Todo lo que pasaba era extraordinario. Y aquello de hablar con los vecinos a través de las ventanas no fue una excepción. Y lo de conocer vecinos que vivían junto a nosotros desde siempre, tampoco.
Sigo queriendo pensar que todo pasa por algo. Y esto también…espero que os esté gustando. Hacédmelo saber!




















































